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sábado, 23 de febrero de 2013

Loros, tucanes, osos, magnolios, palmas: la biodiversidad de Jardín, Antioquia

Tucancito (Aulacorhynchus prasinus) - B. Gratwicke - 2008

Un municipio lleno de vida

El municipio de Jardín, situado en las laderas de la cordillera Occidental, mirando hacia el río Cauca, es uno de los sitios más interesantes para conocer nuestra biodiversidad de montaña. Jardín se extiende desde los 1500 m hasta unos 3000 m de elevación, un rango que permite el establecimiento de diversas zonas de vida. En la franja de clima templado ya son pocos los bosques nativos que sobreviven, pues hace rato fueron talados, abriendo campo para la siembra de café. Hacia las laderas más altas, por el contrario, persisten importantes extensiones de bosque, que se adentran hacia el vecino departamento de Caldas. Estos bosques, aunque amenazados por la tala, todavía forman un refugio de máxima importancia para la fauna y flora nativas, el último en su clase para muchas especies de plantas y animales de Antioquia.

Loros de montaña

Entre los animales más interesantes que se pueden observar en Jardín están los loros andinos. El más famoso de ellos es el loro orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis), el cual vive asociado a las palmas de cera (Ceroxylon quindiuense) que pueblan los bosques de las laderas altas. El loro cría sólo en agujeros en los troncos de palmas viejas. Por varios siglos, el loro orejiamarillo ha perdido enormes extensiones de su hábitat, al ser talados los bosques y las palmas de cera de las tres cordilleras. Cada vez se fue haciendo más raro, hasta que, en los años 90 del siglo XX, se llegó incluso a pensar que se había extinguido. Luego de varias expediciones en su búsqueda, una de ellas finalmente tuvo éxito. Una población de loros orejiamarillos fue descubierta en 1999 en Roncesvalles, Tolima. Poco tiempo después, se hizo el descubrimiento de la población de loros orejiamarillos en Jardín. Y, recientemente, se ha descubierto una tercera población en Colombia, en el municipio de Cubarral, Meta, en la vertiente oriental de la cordillera Oriental. Gracias a intensas labores de conservación de los loros y de las palmas de cera realizadas principalmente por la fundación ProAves en los sitios donde se lo ha encontrado, la especie está en franca recuperación: actualmente se estima que la población de estas aves supera los 1000 ejemplares. El loro orejiamarillo no vive solo. Los mismos cielos que él surca, son atravesados por parejas o pequeños grupos del perico frentirrojo (Aratinga wagleri) y de la cotorra oscura (Pionus chalcopterus).

 

La variedad de flora y fauna

Hoja de Columnea dimidiata
En los diferentes climas de Jardín se encuentra una muestra muy interesante de plantas y animales andinos. Entre la flora destacan especies endémicas como los molinillos, almanegras o magnolios nativos (Magnolia jardinensis, Magnolia yarumalensis, EN) y la Passiflora jardinensis. Además de especies notables y amenazadas como el pino colombiano (Retrophyllum rospigliosii, NT), palma de cera cafetera (Ceroxylon alpinum, EN), palma de cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense, EN), roble (Quercus humboldtii, VU) y cedro (Cedrela montana, VU). Entre las aves destaca la presencia de frugívoras de gran tamaño; entre ellas las pavas o guacharacas (Chamaepetes goudotii, Ortalis columbiana), los loros (Ognorhynchus icterotis, EN, Aratinga wagleri, Pionus chalcopterus), el tucancito (Aulacorhynchus prasinus) y la oropéndola o gulungo (Psarocolius angustifrons); todas éstas son aves sensibles a la deforestación y a la fragmentación de sus hábitats naturales y ya han desaparecido de muchas zonas de las cordilleras donde no se ha mantenido la integridad y conectividad de los bosques andinos. Se ha reportado también una variedad de mamíferos, incluyendo especies como las “chuchas” (Didelphis marsupialis, Didelphis pernigra), “oso hormiguero” (Tamandua mexicana), “gurre” o armadillo (Dasypus novemcinctus), “lobo” (Cerdocyon thous), “oso” (Tremarctos ornatus, VU), “puma” (Puma concolor, NT), “tigre lanchero” (Leopardus pardalis, NT), “tigre gallinero” (Leopardus tigrinus, VU), “cusumbo” (Nasua nasua), “perro de monte” (Potos flavus), “marteja” (Bassaricyon gabbii), “zorro” (Eira barbara), “venado” (Mazama americana), “ardilla” (Sciurus granatensis), “erizo” (Coendou rufescens), “guagua castellana” (Cuniculus paca), “guagua serranera” (Cuniculus taczanowskii) “guagua loba” (Dinomys branickii, VU) y “guatín” (Dasyprocta punctata).

 

Los bosques de La Esperanza

Nadador (Sapium stylare) en La Esperanza
Uno de los sitios donde mejor pude conocer la biodiversidad de Jardín es en la finca La Esperanza, propiedad de mi amigo Douglas Knapp. Esta finca, de 3 hectáreas de extensión, alberga algunos parches de bosques nativos, numerosos árboles grandes dispersos, una antigua plantación de café y matorrales en regeneración.  En La Esperanza realicé en Julio de 2012 un Inventario de Biodiversidad. Gracias a este estudio, ahora conocemos la presencia de 249 especies de plantas en esta reserva. Las observaciones de aves  realizadas por José Fernando Castaño y Douglas Knapp, sumadas a las aves observadas durante el Inventario, dan un total de 122 especies registradas para el lugar. Entre estas aves se cuentan especies tan interesantes como el loro orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis), que baja a comer frutos de los árboles de lechero o nadador (Sapium stylare); la endémica guacharaca colombiana (Ortalis columbiana), que emite su ruidoso canto por las mañanas; además del también endémico hormiguero de Parker (Cercomacra parkeri) y del casi endémico saltarín dorado (Xenopipo flavicapilla). La Esperanza se está constituyendo como un sitio de observación de aves, con confortables alojamientos y un fácil acceso a reservas cercanas, donde es posible encontrar una variedad de aves raras y amenazadas. También se están planeando proyectos de reforestación y de recuperación de especies amenazadas de flora. Para los que quieran saber más, el sitio tiene una página de internet en construcción (en inglés), en la siguiente dirección: http://www.laesperanza.co/

Cabecera municipal de Jardín, vista desde la finca La Esperanza

jueves, 6 de septiembre de 2012

Bosques secos en el altiplano

La ilusión de humedad

Bosque seco de clima frío - Tabio, Cundinamarca
Resulta muy interesante mirar en los mapas del clima y de la vegetación de Colombia cuáles son las zonas más secas del país. Entre estas zonas secas aparece la Guajira y otras áreas de la región Caribe; también valles interandinos como los del alto Cauca y alto Magdalena. Ninguna sorpresa hasta ahora. ¿Y qué más encontramos? ¿Cuáles son las otras regiones secas de Colombia? Nada más ni nada menos que las elevadas montañas del sur del país (Nariño). Y los alrededores de Bogotá y Tunja. Muchas personas se sorprenden al oír que la Sabana de Bogotá está situada en una región seca. ¿Cómo puede ser seca, si llueve a cada rato, si es tan verde? La verdad es que, aunque el cielo a menudo esté nublado, aunque haya temporadas muy lluviosas, éstas son seguidas luego por temporadas y años donde falta el agua. La precipitación promedio en el sur de la capital y en muchos municipios de la Sabana es de apenas unos 600 a 800 mm al año, lo suficiente para que la vegetación crezca hasta formar bosques bajos y densos, pero no para que esta vegetación califique de húmeda. Parte de la impresión de humedad que causa el altiplano cundiboyacense se debe a que éste ha sido llenado de plantas exóticas traídas de otras partes del mundo. Así, el verde pasto kikuyo, originario de África, ha reemplazado a las macollas amarillentas de los pastos nativos. Los altos eucaliptos, acacias, pinos y urapanes, importados de países como Australia, México y China, nos hacen olvidar que los bosques nativos originales a menudo no eran más que matorrales densos y espinosos, muy bien adaptados a las heladas y las sequías.

 

Una vegetación incomprendida

Hojas gruesas y pequeñas del mortiño (Hesperomeles goudotiana)
Los bosques secos de clima frío han sido menos publicitados que otros ecosistemas colombianos como los páramos y los bosques de niebla. Esto ha hecho que, a pesar de que crezcan a nuestro lado, sean poco conocidos y comprendidos por el público en general. Muchas personas no ven en ellos más que una especie de “maleza” opaca, una vegetación subdesarrollada y deforme. No se reconocen sus especies únicas, ni su singular adaptación milenaria a la dureza del clima del altiplano. Incluso los amantes de los árboles nativos, soñando con brumosos bosques de niebla, con árboles elevados, con follajes exuberantes, desconocen esta vegetación que crece a su alrededor y tratan de reemplazarla con yarumos, sangregados, sietecueros y otros árboles propios de bosques más húmedos (muchos de los cuales, claro está, mueren con la primera helada). Así, no es de extrañar que los bosques secos de clima frío sean cada vez más escasos y tengan que replegarse a las laderas más retiradas de las montañas.

 

Plantas y animales especiales

Cactus de clima frío (Wigginsia vorweckiana)
Cuando se recorren los bosques secos que pueblan los cerros de Chía, Tenjo, Sopó, Suesca, Chiquinquirá, Villa de Leyva y otros municipios del altiplano cundiboyacense se descubren muchas similitudes en su flora. Los bosques secos de la cordillera Oriental están poblados por muchas plantas que crecen en ellos de manera preferencial o exclusiva. Algunas de las plantas más típicas de estos bosques son el corono (Xylosma spiculifera) y el arrayán (Myrcianthes leucoxyla), ambos especies que se extienden hasta los Andes de Venezuela. También hay numerosas especies endémicas como el tuno esmeraldo (Miconia squamulosa), mortiño (Hesperomeles goudotiana), gurrumay (Condalia thomasiana), uche (Prunus buxifolia), tominejero (Palicourea lineariflora), cardón (Puya bicolor), cabezona (Calea peruviana), carrasposo (Chromolaena bullata) y varias especies de salvias (Salvia amethystina, Salvia bogotensis, etc.) En algunas de las regiones más secas crecen cactus como Opuntia schumannii y Wigginsia vorweckiana. Entre los árboles más grandes del bosque seco de clima frío se cuentan los robles (Quercus humboldtii), que se desarrollan en partes de Boyacá; y los cedros (Cedrela montana) que son más típicos de Cundinamarca.
La rana endémica Dendropsophus labialis

Los bosques secos del altiplano también albergan su fauna particular. Entre las especies endémicas que podemos encontrar en ellos se cuentan el chamicero (Synallaxis subpudica), pequeña ave con la cola larga y puntiaguda y el plumaje opaco. También se encuentran aquí la rana Dendropsophus labialis y la inofensiva serpiente tierrera (Atractus crassicaudatus).

domingo, 26 de agosto de 2012

La diversidad del piedemonte andino

Calor y humedad

Bosque a orillas del río Claro, San Francisco, Antioquia
Los Andes no son solamente grandes elevaciones. Una buena parte de la diversidad de las cordilleras se encuentra concentrada en la base de las montañas. Aquí las temperaturas son calientes y suele haber un clima muy húmedo – en varios lugares las precipitaciones alcanzan e incluso superan los 4000 mm por año. Todo esto favorece un gran desarrollo de la vegetación. Los árboles son elevados y sus ramas suelen estar cargadas de orquídeas, helechos, bromeliáceas y otras plantas epífitas. Los barrancos a orillas de los caminos están cubiertos con densas matas de vegetación colgante y aparecen salpicados con las flores más variadas, coloridas y extrañas que se pueda imaginar.

 

El piedemonte en Antioquia

Restos de bosques en el Oriente antioqueño
El vistoso fruto de ojo de paloma (Margaritaria nobilis)
Un excelente ejemplo de la riqueza en biodiversidad del piedemonte andino se puede ver en el Oriente antioqueño. Aquí, en la base oriental de la cordillera Central, por debajo de 1000 metros sobre el nivel del mar, en áreas de los municipios de Cocorná, San Luis, San Francisco, Sonsón, San Carlos, Argelia y Nariño, entre otros, pueden encontrarse cerca de 2000 especies de plantas vasculares (helechos y plantas con semillas) y más de 300 especies de aves. Sorprenden las cifras de endemismo. En la región hay registros de cinco especies de aves endémicas de Colombia: el paujil piquiazul (Crax alberti), torito dorsiblanco (Capito hypoleucus), carpintero bonito (Melanerpes pulcher), atrapamoscas antioqueño (Phylloscartes lanyoni) y habia ceniza (Habia gutturalis). Otros vertebrados endémicos presentes en el área son el tití gris (Saguinus leucopus), mono araña o marimonda (Ateles hybridus) y los peces pataló (Ichthyoelephas longirostris) y bocachico (Prochilodus magdalenae). En la flora se conocen cerca de 40 especies endémicas exclusivas de esta región o que, como máximo, se extienden a otras regiones vecinas del departamento de Antioquia, sin que haya registros de otras áreas del país. Entre estas especies endémicas se cuentan árboles como el yumbé (Caryodaphnopsis cogolloi), laureles (Licaria clarensis, Rhodostemonodaphne antioquensis), mamoncillo silvestre (Melicoccus antioquensis) y diversos anones de monte (Cremastosperma magdalenae, Cymbopetalus sanchezii, Duguetia colombiana, Pseudoxandra sclerocarpa). Trepadoras como la Mandevilla antioquiana. Arbustos como la Aphelandra tetroicia. Palmas como la Aiphanes leiostachys. Orquídeas como Epidendrum mutisii y Masdevallia pescadoensis. Y hierbas con hermosas flores como la Pitcairnia fluvialis, Cremospermopsis parviflora, Gasteranthus anomalus, Nautilocalyx antioquensis y Nautilocalyx bracteatus.

 

Los antiguos bosques

Hoja de yumbé (Caryodaphnopsis cogolloi), especie endémica
El Oriente antioqueño es una de las regiones con mayor tasa de deforestación en el país. De seguir el ritmo actual, en tan sólo unas pocas décadas, la región carecerá casi por completo de bosques. La mayor parte de los bosques que sobreviven son bosques secundarios, donde se han extraído los árboles más grandes y las maderas más valiosas. Sin embargo, todavía quedan árboles aislados y restos de vegetación madura que permiten reconstruir lo que fueron los antiguos bosques del Oriente antioqueño. En su composición, estos bosques no difieren mucho de los bosques maduros de Centroamérica, el Chocó y la Amazonía. La familia dominante de árboles son las leguminosas, con especies como el bálsamo (Myroxylon balsamum), sapán (Clatothropis brunnea), tamarindos de monte (Dialium guianense, Uribea tamarindoides), amargo (Vatairea sp.), lomo de caimán (Platypodium elegans) y trébol (Platymiscium pinnatum). También abundan las moráceas, lecitidáceas, sapotáceas, lauráceas, palmas y otras familias típicas de los bosques húmedos tropicales, con especies como los guáimaros (Brosimum alicastrum, Brosimum utile), verruga de pisco (Clarisia racemosa), caimos o mediacaros (Pouteria glomerata, P. guianensis, P. multiflora, P. subrotata, P. torta), abarco (Cariniana pyriformis), y varias especies de ollas de mono o cocos cristal (Couratari guianensis, Eschweilera antioquensis, E. coriacea, E. pittieri, E. sessilis, Lecythis ampla).

 

El cañón del río Claro

Tigrillo (Leopardus pardalis) - Danleo, 2006
En la región se encuentra la Reserva Natural Cañón del Río Claro, que protege 450 hectáreas de bosques. Las investigaciones de Álvaro Cogollo, director del Jardín Botánico de Medellín, y otras posteriores han mostrado que en el área de la reserva se encuentran casi 1000 especies de plantas. En esta reserva se han realizado decenas de nuevos registros de flora para el país, muchos de ellos correspondientes a especies nuevas para la ciencia. La reserva alberga una variedad de fauna, incluyendo nutrias, monos, tigrillos, guaguas, babillas y otros animales típicos de las selvas neotropicales. En fin, dado el estado de la región, la reserva constituye un verdadero tesoro, un sitio de máxima importancia para la conservación en el piedemonte andino.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Inventarios de biodiversidad

Esta línea de trabajo ofrece caracterizaciones rápidas, no formales, de la biodiversidad de fincas y reservas naturales. Está dirigida a propietarios que quieran saber, en forma rápida y económica, qué especies de aves, mariposas, plantas y otros organismos albergan sus terrenos. Los resultados se entregan en un listado de Excel, que incluye el nombre en español de cada especie (si existe), el nombre científico y, en el caso de la flora, su forma de crecimiento (árbol, arbusto, hierba, etc.) y si es nativa o no. Usualmente, los inventarios son acompañados por una serie de fotografías que ilustran las especies más comunes de flora y de pequeños animales.