martes, 20 de agosto de 2013

Zonas de uso y zonas de conservación

Potreros y viejos robledales - Finca El Silencio, San Francisco
El planeamiento de toda finca debería incluir dos tipos de zonas de manejo distintas: zonas de uso y zonas de conservación. Las zonas de uso incluyen especialmente los cultivos y las zonas de pastoreo, los lugares de extracción de recursos naturales, los sitios con infraestructura y construcciones, los parques y los jardines. Las zonas de conservación, por otro lado, son las reservas naturales de cada finca, donde se trata de no manejar ni modificar ningún elemento natural y que están dedicadas, como máximo, a la recreación pasiva.

¿En qué proporciones debería una finca tener repartida su área entre estos dos tipos de zonas de manejo? Eso depende enormemente de la vocación de la tierra, de las posibilidades y del deseo de sus propietarios. Pero podemos decir que al menos el 10% de la superficie de cada finca debería estar reservada para la conservación. Bajo circunstancias favorables, hay fincas que tienen un 20%, 30%, 50% o incluso más de su área dedicada a zonas de conservación. Estas zonas de conservación, de forma natural, quedan particularmente bien repartidas por los sitios con pendientes más fuertes, por los nacimientos de agua y, en forma de franjas, por los cursos de agua y los linderos del terreno.

¿Y cómo cuidamos las zonas de conservación? En principio, “dejándolas ser”, no “cuidándolas”. El único cuidado que suele ser necesario es la instalación de una cerca que demarque la zona de conservación y que impida que el ganado entre en ella a pisotear y ramonear la vegetación.

Las zonas de conservación suelen ser muy susceptibles a recibir manejos inadecuados sacados directamente de las ciencias y prácticas agrícolas, forestales y de la jardinería. En lo que queda de este artículo nos vamos a referir a algunos puntos muy específicos en los cuales difiere el manejo de una zona de uso y una zona de conservación.

 

1)    Árboles muertos

ZONAS DE USO: Aquí, cada árbol seco, en pie o caído, es visto como algo indeseable y suele ser cortado y retirado rápidamente, ya que puede representar una amenaza por caída para las construcciones o vías aledañas a él o, simplemente, porque se lo considera “feo”.

ZONAS DE CONSERVACIÓN: Aquí, por el contrario, los árboles muertos deberían ser bienvenidos, siempre que no pongan en riesgo a las personas o las construcciones con su caída. ¿Y por qué bienvenidos? Antes de responder, podemos preguntar ¿nos gustan los pájaros carpinteros? ¿Los búhos? ¿Los loros y los tucanes? Pues bien, todas estas grandes aves necesitan madera muerta, en pie, con agujeros para poder anidar. Son los pájaros carpinteros los que primero abren agujeros en la madera muerta, agujeros que, luego de abandonados, son usados por las otras grandes aves del bosque como refugio y sitio de cría. Cuando los árboles más viejos y los árboles secos en pie son eliminados, desaparece con ellos una parte de la diversidad del bosque.

 

2)    Semillas seleccionadas

Árbol retorcido, típico del bosque andino
ZONAS DE USO: En plantaciones forestales y otros cultivos, se insiste en la importancia de usar semillas y material vegetal seleccionados para lograr los mejores rendimientos y resultados. En una plantación, los árboles deben ser rectos, con fustes largos y no bifurcados, deben ser ejemplares de crecimiento rápido, deben ser los que más madera produzcan.

ZONAS DE CONSERVACIÓN: Aquí, por el contrario, debería ser una regla NO seleccionar, sino dejar que todo lo que nazca crezca. Es probable que un árbol torcido o raquítico resulte teniendo una genética diferente de uno grande y recto. Y precisamente en esto radica su valor. Este árbol torcido quizás no sirva para producir madera en forma comercial; pero quizás tenga alguna otra cualidad que lo haga valioso para su especie. Quizás sea más resistente a la sequía o a alguna plaga, quizás crezca mejor que ningún otro en cierto ambiente. Estas cualidades distintas, si funcionan y son favorables para la especie, podrán pasar de generación en generación e incluso podrían llegar a ser de provecho para los seres humanos, si sólo permitimos que, en algunas zonas, todos los ejemplares de una especie (jóvenes, viejos, bonitos, feos, altos, pequeños, etc.) puedan vivir.

 

3)    “Maleza”

Plantas pioneras regenerando el bosque - Hacienda Baza, Tibaná
ZONAS DE USO: Aquí, toda planta que aparezca espontáneamente y que no haya sido cultivada en forma intencional, suele ser considerada maleza. Particular repudio se tiene hacia los arbustos pioneros de rápido crecimiento y hacia la multitud de enredaderas silvestres que compiten con los cultivos y plantas ornamentales y que rápidamente pueden transformar una finca en un “monte”. Por eso es que, por toda Colombia, además del ganado ramoneante, operan diariamente millones de machetes, máquinas de cortar pasto, guadañas, etc. Son el único medio para mantener abiertas y utilizables las zonas de uso, frente al incesante y espontáneo crecimiento de la vegetación.

ZONAS DE CONSERVACIÓN: En estas zonas, la “maleza” y el “monte” deberían ser bienvenidos y no se los debería cortar. Los arbustos pioneros y las enredaderas ofrecen los mejores refugios y sitios de anidación para multitud de aves que no podrían vivir en un bosque más viejo ni en un parque o jardín abiertos. Aunque las poderosas enredaderas pueden tapar un árbol completo y matarlo, usualmente estas enredaderas resultan más valiosas para la vida silvestre que el árbol perdido. Además, es precisamente bajo la sombra de la “maleza” ya crecida (de 10-20 años de edad) que empieza a desarrollarse el verdadero bosque, con los árboles de maderas duras, que necesitan sombra para crecer.

 

4)    Hojas mordisqueadas 


ZONAS DE USO: En una plantación, huerta o jardín, las hojas mordisqueadas de las plantas son vistas como una mala señal. Señal de plaga, que amenaza la vida y la productividad de las plantas en las que hemos invertido tanto tiempo y dinero.

ZONAS DE CONSERVACIÓN: En una zona de conservación, por el contrario, las hojas mordisqueadas deberían ser vistas, hasta cierto punto, como un síntoma de salud. Pues, si todas las hojas estuvieran intactas, ¿dónde estarían las mariposas, saltamontes, escarabajos y otros insectos, cuyas larvas o adultos consumen una proporción de las hojas del lugar? Si queremos tener insectos que polinicen las flores, que sirvan de comida a las aves o que, como en el caso de las mariposas, embellezcan el paisaje con sus revoloteos y colores, tenemos que pagar algo a cambio...y este precio son las hojas que estos insectos consumen para alimentarse y crecer. ¿Y si una plaga se sale de control y por esta razón uno o varios árboles se mueren? La respuesta podemos encontrarla si regresamos y leemos de nuevo el párrafo 1: “Árboles muertos”.

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