jueves, 5 de febrero de 2015

Colombia en el mundo - Flora nativa en los jardines

Tabaco de flores amarillas (Nicotiana glauca) - Arequipa, Perú
Acabo de regresar de un viaje por Perú y Bolivia. En estos países andinos, con tantas similitudes y también diferencias con Colombia, he podido reflexionar sobre muchos elementos comunes de nuestra naturaleza, observando y también contrastando qué hace único y especial a cada país. A continuación sigue la última de una serie de cinco notas con algunas de estas observaciones.

 

Plantas de todos los continentes

Una de las cosas que me llamó la atención de la flora urbana de las ciudades peruanas, y que es plenamente compartida con las ciudades colombianas, es la escasez de especies nativas, sobre todo cuando se ve más allá de la arborización y se miran las plantas más pequeñas, de jardín. En Lima, Arequipa y Cusco casi no se cultivan arbustos nativos, flores originarias del Perú, trepadoras locales ni cactus endémicos. Las flores que se ven por todas partes son de Sudáfrica, México y Asia, entre muchos otros lugares.

En Colombia es igual. En los últimos 20 años se han realizado notables avances por incluir muchas especies de árboles nativos en los programas de arborización urbana. Pero esta “onda de los nativos” no ha alcanzado todavía a los jardines, donde la gran mayoría de las especies menores, ornamentales, son de otros continentes y países: geranios, cartuchos y agapantos del sur de África, lino y hebe de Nueva Zelanda, rosas y vincas de Europa y Asia.

 

Yaquil (Colletia) - Cerca de Cusco

La importancia de las plantas pequeñas

Esta falta de especies menores nativas crea un gran vacío en la ciudad, por tres razones: 1) Estas especies, y no los árboles, son las que conforman la mayor parte de la biodiversidad de la flora. 2) Las numerosísimas especies menores son indispensables como hábitat y fuente de alimento para muchos animales pequeños (p. ej. colibríes y mariposas).  3) Las especies menores nativas, al ser ignoradas, están dejando de beneficiarse de los espacios urbanos que podrían ocupar, de las actividades de propagación y de los cuidados que ayudarían a rescatar centenares de especies endémicas, amenazadas de extinción.

 

Cactus nativos

Baste un ejemplo para mostrar esta situación. En Perú, uno de los centros mundiales de diversidad de cactus, se tienen registros de 250 especies de esta familia; de éstas, casi 200 son endémicas, que sólo se encuentran en el país y en ningún otro lado del mundo. En los alrededores de la ciudad de Arequipa, en un rango altitudinal similar al de la ciudad, crecen 10 de estas especies endémicas de cactus: Armatocereus ghiesbreghtii, Armatocereus riomajensis, Browningia viridis, Corryocactus aureus, Corryocactus brevispinus, Corryocactus brevistylus, Corryocactus prostratus, Matucana haynei, Weberbauerocereus rauhii y Weberbauerocereus weberbaueri. Y es muy posible que la mayor parte de estas especies esté amenazada de extinción. Pues bien: nosotros sabemos lo ornamentales y apreciados que pueden ser los cactus, el fanatismo que despiertan en los coleccionistas. ¿Cómo no imaginar entonces una ciudad donde este tipo de plantas únicas, endémicas, sean propagadas, cultivadas y mostradas como el orgullo de la región? Que uno pasara caminando y las viera cultivadas en los balcones y patios de las casas, que la gente se las mostrara a uno y le contara sobre ellas.

Pues bien, la realidad es que uno no ve cultivada ninguna de estas especies. Y, en cambio, sí se planta por todas partes una especie carnosa parecida a un cactus columnar: la Euphorbia candelabrum, originaria de África. Es claro que, tanto en Perú como en Colombia, todavía falta mucho camino por recorrer para llevar nuestra riquísima flora a los jardines.

Austrocylindropuntia - Cerca de Arequipa

miércoles, 4 de febrero de 2015

Colombia en el mundo - Los árboles urbanos de Colombia y Perú

Palmas y árboles urbanos - Arequipa, Perú
Acabo de regresar de un viaje por Perú y Bolivia. En estos países andinos, con tantas similitudes y también diferencias con Colombia, he podido reflexionar sobre muchos elementos comunes de nuestra naturaleza, observando y también contrastando qué hace único y especial a cada país. A continuación sigue la cuarta de una serie de cinco notas con algunas de estas observaciones.

 

El clima para los árboles

En Perú pude observar con algún detalle la arborización urbana de tres ciudades principales: Lima, Arequipa y Cusco.  A pesar de las diferentes condiciones ambientales que se presentan en cada una de estas ciudades y de la gran diferencia de alturas entre ellas, todas comparten un factor clave: son ciudades secas. En esto se diferencian de ciudades principales de Colombia como Bogotá y Medellín, que presentan condiciones mucho más húmedas y favorables para el desarrollo de la vegetación.

En Lima, situada en el valle del río Rímac, en mitad del desierto costero, no llueve casi nunca: su precipitación anual se calcula en menos  de 13 mm. En Arequipa, situada en la cordillera a poco más de 2300 metros de elevación, se estiman precipitaciones de 75 mm al año. En Cusco, ciudad de gran elevación, situada a 3400 metros sobre el nivel del mar, se calculan precipitaciones anuales cercanas a 700 mm.

En marcado contraste, Bogotá, a 2600 metros de elevación, presenta en gran parte de la ciudad precipitaciones que oscilan entre 800 y 1000 mm anuales. Medellín, situada a una altura promedio de 1500 metros, es aún más lluviosa, con precipitaciones cercanas a 1600 mm al año.

 

Diferentes colores

Riego de áreas verdes - Lima, Perú
Las diferencias en las precipitaciones que mencionamos arriba son una condición clave que explica muchas de las características de la flora urbana que se observa en las distintas ciudades. Las ciudades principales de Colombia, aunque tienen grandes vacíos en su arborización y presentan amplios sectores casi completamente desprovistos de árboles, son, de todas formas, ciudades con mucho verde. En las grandes ciudades de Perú predominan tonos más cafés, grises o amarillos, debido al clima más seco. En este último país, la arborización y creación de jardines han estado sujetas a mayores dificultades, donde se ha tenido que plantar una menor variedad de árboles y de plantas de jardín, donde se han tenido que escoger las especies más resistentes, donde, incluso, se han plantado árboles en sitios donde originalmente, antes de la construcción de las ciudades, no crecía ninguno.

Es que resulta increíble pensar que, en el caso de Lima, ni siquiera sería posible tener prados o césped sin riego constante. Aquí en Colombia, por el contrario, damos por sentado que el pasto siempre crece, incluso sin ningún cuidado.

 

Árboles más importantes

Cedro (Cedrela odorata) - Lima, Perú
Terminamos este artículo con un breve listado que incluye muchas de las especies más típicas y comunes que he observado en cada una de las ciudades mencionadas. Resaltadas en negrita aparecen las especies nativas de cada país.

LIMA
Tara (Caesalpinia spinosa), molle (Schinus molle), huaranhuay (Tecoma stans), sauco (Sambucus peruviana), boliche (Sapindus saponaria), tulipán africano (Spathodea campanulata), acacia forrajera (Leucaena leucocephala), huarango o algarrobo (Prosopis pallida), molle costeño (Schinus terebinthifolia), palo verde (Parkinsonia aculeata), ceibo (Ceiba trischistandra), ceibo (Ceiba speciosa), jacarandá (Jacaranda mimosifolia), grevilea (Grevillea robusta), tipa (Tipuana tipu), ponciana (Delonix regia), casuarina (Casuarina cunninghamiana/equisetifolia), araucaria (Araucaria heterophylla), palmera washingtonia (Washingtonia robusta), palmera fenix (Phoenix canariensis), palmera real (Roystonea regia), melia (Melia azederach), cedro (Cedrela odorata), eucaliptos (Eucalyptus rostrata, Eucalyptus citriodora), mora (Morus alba), sauce (Salix humboldtiana), ficus (Ficus benjamina, Ficus sp.), álamo (Populus nigra).

AREQUIPA
Eucalipto (Eucalyptus globulus), pino (Pinus radiata), ciprés (Cupressus lusitanica, C. macrocarpa, C. sempervirens), fresno (Fraxinus sp.), sauce (Salix humboldtiana), álamo (Populus nigra), palmera (Phoenix canariensis), araucaria (Araucaria heterophylla), tara (Caesalpinia spinosa), casuarina (Casuarina equisetifolia), tasta (Escallonia salicifolia), ficus (Ficus benjamina), jacaranda (Jacaranda acutifolia), mora (Morus alba), palta (Persea americana), capuli, cerezo (Prunus serotina), palmera washingtonia (Washingtonia sp.), caguato, huaranguillo (Tecoma arequipensis), molle (Schinus molle), grevilea (Grevillea robusta).

CUSCO
Chachacomo (Escallonia resinosa), molle o falso pimiento (Schinus molle), quishuar (Buddleja longifolia, B. incana), colle (Buddleja coriacea), sauco (Sambucus peruviana), eucalipto (Eucalyptus globulus), pino (Pinus radiata), ciprés (Cupressus macrocarpa), fresno (Fraxinus sp.), capulí (Prunus serotina), lloque (Kageneckia lanceolata), tara (Caesalpinia spinosa), huayruro (Citharexylum herrerae), palmera (Phoenix canariensis), aliso o lambrán (Alnus acuminata), cedro (Cedrela angustifolia), huaranhuay (Tecoma stans var. sambucifolia), yaquil (Colletia sp.), queñua (Polylepis incana , P. racemosa). 

BOGOTÁ
Caucho sabanero (Ficus americana), roble (Quercus humboldtii), cedro (Cedrela montana), nogal (Juglans neotropica), eucaliptos (Eucalyptus globulus, Eucalyptus spp.), urapán (Fraxinus uhdei), acacias (Acacia baileyana, A. dealbata, A. melanoxylon), pinos (Pinus patula, P. radiata), ciprés (Cupressus lusitanica), araucarias (Araucaria angustifolia, A. heterophylla), caucho benjamín (Ficus benjamina), eugenia (Syzygium paniculatum), jazmín del Cabo (Pittosporum undulatum), sauco (Sambucus nigra), magnolio (Magnolia grandiflora), pino romerón (Retrophyllum rospigliosii), alcaparro (Senna viarum), chicalá (Tecoma stans), arrayán (Myrcianthes leucoxyla), falso pimiento (Schinus molle), liquidámbar (Liquidambar styraciflua), guayacán de Manizales (Lafoensia acuminata), aliso (Alnus acuminata), cajeto (Citharexylum subflavescens), sangregados (Croton bogotanus, C. magdalenensis), mano de oso (Oreopanax floribundus), mangle de tierra fría (Escallonia pendula), sauce (Salix humboldtiana), tíbar (Escallonia paniculata), palmas de cera (Ceroxylon alpinum, C. quindiuense, C. sasaimae, C. vogelianum), palma canaria (Phoenix canariensis), amarrabollo (Meriania nobilis), sietecueros (Tibouchina lepidota).

Edificios en medio de los árboles - Medellín, Colombia
MEDELLÍN
Laurel (Ficus benjamina), mango (Mangifera indica), tulipán africano (Spathodea campanulata), urapán (Fraxinus uhdei), leucaena (Leucaena leucocephala), guayacán amarillo (Handroanthus chrysanthus), palma areca (Dypsis lutescens), cañafístula (Cassia grandis), carbonero (Calliandra magdalenae), araucaria (Araucaria heterophylla), acacia roja (Delonix regia), caucho (Ficus elastica), cedro rojo (Cedrela odorata), cedro negro (Juglans neotropica), arizá (Brownea ariza), gualanday (Jacaranda mimosifolia), yarumo blanco (Cecropia telenitida), zuribio (Zygia longifolia), terminalia (Terminalia ivorensis), palma alejandra (Archontophoenix alexandrae), palma abanico (Pritchardia pacifica), almendro (Terminalia catappa), aguacate (Persea americana), aguacatillo (Persea caerulea), bala de cañón (Couroupita guianensis), balso (Ochroma pyramidale), pisquín (Albizia carbonaria), casco de vaca (Bauhinia picta).

Medellín es una de las ciudades más biodiversas. Se calcula que aquí se están cultivando actualmente cerca de 500 especies de árboles y arbustos grandes. Ésta es quizás la cifra más alta para cualquier ciudad de Colombia y una de las más altas a nivel mundial. Medellín se está convirtiendo de esta manera en un ejemplo de biodiversidad, especialmente desde el momento en que se está haciendo énfasis en que un gran porcentaje de las especies plantadas en la ciudad correspondan a especies nativas.

lunes, 12 de enero de 2015

Colombia en el mundo - El pato pico de oro

Pato pico de oro (Anas georgica)
Acabo de regresar de un viaje por Perú y Bolivia. En estos países andinos, con tantas similitudes y también diferencias con Colombia, he podido reflexionar sobre muchos elementos comunes de nuestra naturaleza, observando y también contrastando qué hace único y especial a cada país. A continuación sigue la tercera de una serie de cinco notas con algunas de estas observaciones.

En el lago Titicaca observé una especie que siempre me ha llamado mucho la atención: el pato pico de oro (Anas georgica). Este pato, con su sencillo plumaje café y un pico muy llamativo, color amarillo oro coronado con una franja negra en toda su parte más elevada, estaba ocupado en una divertida actividad: sumergir su cabeza y toda la parte delantera del cuerpo, dejando la cola en el aire; ésta es la técnica que el ave emplea para sacar del agua su alimento, consistente en pequeños animalitos y plantas sumergidas. Ver al pato pico de oro también fue especial por otra razón. Ésta es una de las especies que antiguamente habitaron en la Sabana de Bogotá, hasta que la desecación de los humedales y la cacería la llevaron a la extinción a mediados del siglo XX. La subespecie (raza geográfica) que vivía en la Sabana, conocida como Anas georgica niceforoi, era un poco más pequeña y oscura que la subespecie más extendida, Anas georgica spinicauda, que vive más al sur.

Con la cola hacia arriba...
Aunque no sea exactamente el mismo pato pico de oro de la Sabana de Bogotá, al menos es un pariente suyo muy cercano que sigue nadando en los lagos de los Andes, ofreciéndonos, junto con tantas otras especies de pájaros, el espectáculo de la vida silvestre en el agua. Esperamos que los ejemplares sobrevivientes de ésta y otras especies sean tratados con más cuidado, para que las generaciones siguientes no tengan que lamentar, como nosotros los bogotanos, haber acabado para siempre con las especies más emblemáticas de nuestros ambientes acuáticos de alta montaña.

lunes, 5 de enero de 2015

Colombia en el mundo - Los zambullidores andinos

Keñola (Rollandia microptera) - Imagen: Tsirtalis, 2013
Acabo de regresar de un viaje por Perú y Bolivia. En estos países andinos, con tantas similitudes y también diferencias con Colombia, he podido reflexionar sobre muchos elementos comunes de nuestra naturaleza, observando y también contrastando qué hace único y especial a cada país. A continuación sigue la segunda de una serie de cinco notas con algunas de estas observaciones.

En Bolivia pude observar 3 individuos del zambullidor del Titicaca o keñola (Rollandia microptera), ave acuática incapaz de volar, exclusiva de los lagos del altiplano peruano-boliviano. La emoción de ver esta emblemática especie, de apreciar sus persecuciones y pataleos en el agua y de sorprenderme con sus súbitas desapariciones cuando las aves se sumergían bajo el agua en búsqueda de pececillos, todo ello trajo a mi mente a nuestro desaparecido zambullidor bogotano (Podiceps andinus). Esta última especie fue propia de los lagos del altiplano cundiboyacense, donde habitó durante milenios. Hasta que la desecación y contaminación de los humedales y la cacería le dieron el golpe final: el último registro del zambullidor bogotano es de 1977 y luego de esto, a pesar de intensas búsquedas, nunca se lo volvió a encontrar. Es la primera especie de ave de Colombia que se considera oficialmente extinta, desaparecida para siempre del mundo. Esperemos que la historia no se repita con el zambullidor del Titicaca, ave que también está en dificultades: según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, su población total se estima en apenas 1600 individuos adultos.

jueves, 1 de enero de 2015

Colombia en el mundo - Lagos en dos altiplanos

El lago Titicaca desde la Isla del Sol (Bolivia)
Acabo de regresar de un viaje por Perú y Bolivia. En estos países andinos, con tantas similitudes y también diferencias con Colombia, he podido reflexionar sobre muchos elementos comunes de nuestra naturaleza, observando y también contrastando qué hace único y especial a cada país. A continuación sigue la primera de una serie de cinco notas con algunas de estas observaciones.

 

El ambiente del lago

La inmensidad del lago Titicaca, su azul intensísimo, el sonido de sus olas empujadas por el viento de alta montaña, todo ello me lleva a pensar cómo sería aquel lago que era la Sabana de Bogotá hace muchos miles de años. En aquel entonces (hace más de 30.000 años), el clima era mucho más frío y la vegetación de páramo, con sus frailejones, pajas y arbolitos retorcidos, descendía hasta el borde del lago. El frío viento debía soplar sobre el agua, igual que aquí en Bolivia. ¿Sería tan azul el lago de la Sabana de Bogotá como lo es ahora el Titicaca?

 

Los animales acuáticos

Pato (Anas puna)
El lago de Humboldt, como también se conoce al antiguo lago de la Sabana de Bogotá, debió ser un imán para la vida silvestre. Bandadas de patos volando y ocultándose entre los juncales; tinguas o fochas flotando sobre las olas; zambullidores  prestos a sumergirse para perseguir pececillos debajo del agua; garzas inmóviles en la orilla, esperando a que alguna rana o pez incauto se acerque lo suficiente... Todos estos grupos de animales todavía están presentes en relativa abundancia en el lago Titicaca, el cual alberga además varias especies de las que no se tiene evidencia que alguna vez hayan poblado ni que hayan tenido su equivalente en las tierras altas de Colombia. Esta fauna tan típica del Titicaca incluye a los flamencos, que se presentan en tres especies distintas; la rana gigante (Telmatobius), que pasa toda su vida sumergida; y los pececillos del género Orestias, que cuentan con cerca de 45 especies muy distintivas y de distribución muy localizada en los lagos y cuencas de alta montaña desde Perú hasta Chile.

 

Tamaño y diversidad

En su tiempo de mayor esplendor, el lago de la Sabana de Bogotá debió cubrir una superficie de alrededor de 1400 km2...con esto ni siquiera se acercó al tamaño actual del lago Titicaca, que tiene más de 8500 km2. Esta notable diferencia quizás explique, entre otras causas, la menor diversidad de peces lacustres propios de la Sabana de Bogotá, que son apenas 2 especies (capitán y guapucha), en comparación con las más de 20 especies endémicas de Orestias y los dos capitanes (Trichomycterus) descritos del lago Titicaca.

 

El agua y la vida humana

Totora, barca de pescadores y muelle
Los recursos y oportunidades ofrecidos por el Titicaca han sido aprovechados por sus habitantes humanos desde hace milenios. El calor captado durante el día por el agua del lago se va disipando en la noche, atenuando las frías temperaturas del altiplano y permitiendo el cultivo, a más de 3800 metros sobre el nivel del mar, de una variedad de productos que de otra forma no prosperarían a esta elevación: papa, maíz, cebada, haba, quinua, etc. Además, los habitantes locales obtienen alimento con la pesca de peces y ranas y la cacería de aves. Y las plantas acuáticas, como la totora o junco (Schoenoplectus), les sirven como material artesanal y de construcción y como forraje para los animales domésticos. Uno puede fácilmente imaginar a los antiguos Muiscas de Colombia también plantando sus cultivos a orillas del agua, cazando, pescando, navegando y haciendo una vida entera asociada al agua. Hasta que llegó nuestra cultura actual, europea, donde el agua suele ser vista como un obstáculo para el desarrollo, donde se contaminan, canalizan, drenan y rellenan los cuerpos de agua. Ahora, del gran lago de la Sabana de Bogotá no quedan más que unos mínimos restos, los cuales, a pesar de su reducción y contaminación, siguen siendo de vital importancia para la conservación, si queremos salvar una muestra de este ambiente y permitir la existencia continuada de los animales y plantas acuáticos que nos siguen acompañando hasta hoy: nuestros humedales de la Sabana siguen teniendo patos, garzas y tinguas, ranas, capitanes y guapuchas y muchísimos otros: un “Minititicaca” todavía para conservar.


La transparencia de las aguas del Titicaca

miércoles, 2 de julio de 2014

Los bosques del páramo

Páramos abiertos, páramos boscosos

"Colorado" (Polylepis quadrijuga)
Para la gente que conoce los ecosistemas de Colombia, la palabra “páramo” puede sonar a territorio de alta montaña, frío y húmedo, abierto y lleno de frailejones; y, sobre todo, a un ecosistema muy importante para la conservación del agua en el territorio nacional. Todo esto es cierto, pero el páramo es aún más cosas y cosas a veces inesperadas.

El páramo abierto que predomina hoy en día es resultado, en gran parte, de la actividad humana; la ganadería y las quemas ocasionales han creado este paisaje. Originalmente, grandes extensiones del páramo estaban cubiertas con bosques de alta montaña. Estos bosques, con una biodiversidad relativamente reducida en comparación con la que se encuentra en otras áreas del país, albergan, de todos modos, muchas especies endémicas, emblemáticas y amenazadas. En ellos dominan unas pocas especies de árboles, muy bien adaptados a las grandes elevaciones: colorados (Polylepis), encenillos (Weinmannia), rodamonte (Escallonia), salvios (Buddleja), tunos (Miconia), raque (Vallea), tagua (Gaiadendron), laurel de cera (Morella), pino hayuelo (Prumnopitys), pino colombiano (Podocarpus), etc.

 

Bosques en las cordilleras

Interior del bosque de encenillo (Weinmannia microphylla)
Este tipo de bosques de alta montaña, dominados por estas especies de árboles, no sólo se encuentran en Colombia. También se extienden por los Andes de Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Y, de hecho, a lo largo de toda la cordillera, baten el récord de ser los bosques que crecen a mayor elevación en el planeta Tierra: en la Colombia actual, restos de estos bosques pueden hallarse hasta 4400 metros de elevación. ¡Y en Bolivia se han reportado árboles de Polylepis creciendo a 5200 metros sobre el nivel del mar!

Al igual que en otras regiones, los bosques de alta montaña han sido usados como una fuente de recursos naturales por parte de los pobladores locales. De ellos, durante milenios, se ha extraído leña, madera para construcción, plantas medicinales y comestibles...La explotación excesiva de su madera, las quemas y la destrucción directa para abrir terrenos para la ganadería han agotado la mayor parte de estos bosques, reducidos en la actualidad a parches muy pequeños.

 

Lento crecimiento

Orquídea (Masdevallia racemosa)
Una de las características que hacen más vulnerables a este tipo de bosques es la lentitud con la que crecen y se recuperan luego de un disturbio. Mientras que en zonas bajas y húmedas un árbol de rápido crecimiento puede elevarse 3 a 4 metros por año, en las heladas condiciones de alta montaña incluso el árbol más veloz, en las mejores condiciones, no alcanza a crecer más de 50 cm cada año. Arbustillos leñosos, compactos, que crecen en cimas montañosas sobre suelos rocosos, donde casi no hay capa vegetal, parecen no crecer en absoluto de año en año: su desarrollo puede medirse por milímetros.

En zonas bajas, los bosques secundarios tienden a recuperarse en unos pocos años luego de que cesan los disturbios y las presiones que los crearon. En cambio, en las altas montañas, los bosques, una vez idos, tardan muchas décadas, incluso siglos, en volver.

Esta lenta recuperación es la que ha llevado a la desaparición de los otrora extensos bosques de alta montaña. En el altiplano de Perú y Bolivia, antiguamente cubierto por extensos bosques de Polylepis, esta vegetación leñosa ha sido reemplazada por una puna árida y abierta, luego de milenios de desarrollo cultural, pastoreo de camélidos y la tala y quema asociadas. En Colombia vamos por el mismo camino. Bosques de alta montaña, antes densos y cerrados, una vez que han sido quemados, así sea hace 100 años, no han podido recuperarse. Lo que ahora tenemos como páramo es la vegetación pionera precursora del bosque, el “rastrojo”.

 

Zonas bajas, zonas altas: una comparación

Pionera del páramo: el charne (Bucquetia glutinosa)
Entonces estamos diciendo que el páramo actual es un tipo de rastrojo. Un rastrojo dominado por pajonales salpicados de plantas pioneras, amantes de la luz, que prosperan cuando el bosque se ha ido: frailejones, amargueros, romeros de monte, tunos, charnes, cardones,...Es un rastrojo muy especial por su lento crecimiento, que, incluso en zonas donde se lo conserva, dura muchas décadas abierto y en recuperación. Y particularmente especial por su alta diversidad y su tasa de endemismo vegetal, una de las mayores del país. En fin, un rastrojo que hay que cuidar, entender y apreciar.

En esta misma línea, resulta muy interesante establecer un paralelo entre la vegetación de zonas abiertas, sabanas y rastrojos de las zonas bajas de Colombia y esta vegetación de “sabana” o “rastrojo” de alta montaña que es el páramo. En las sabanas y rastrojos de clima caliente, luego de las quemas, nacen los pastos; en los páramos, nacen también diversos pastos, pajas y cortaderas. En clima caliente, luego de la etapa de los pastos, invaden el lugar arbustos pioneros, por ejemplo de de las familias asteráceas (chilcos, “salvias”, arbolocos, amargueros) y melastomatáceas (tunos, sietecueros, “mortiños”, nigüitos). En los páramos, las asteráceas pioneras (los “arbolocos” de alta montaña) están magníficamente representadas por los frailejones (Espeletiinae), que prosperan en los años siguientes a una quema. También son asteráceas los romeros de monte (Diplostephium, Pentacalia) y los amargueros de páramo (Ageratina). Las melastomatáceas pioneras del páramo son, por ejemplo, el charne (Bucquetia), diversas especies de tunos (Miconia) y el sietecueros rojo (Tibouchina grossa). En los rastrojos de clima caliente un grupo importante de pioneras son lancillos, punta de lanzas o carates (Vismia); en el páramo, estas plantas tienen a sus familiares los chites, escobos o guardarrocíos (Hypericum).

Con el tiempo, los rastrojos de zonas más bajas van dando paso a bosques secundarios más altos y finalmente a bosques maduros donde dominan familias específicas de estos ambientes como las lauráceas. En el páramo es la misma historia: los rastrojos dominados por asteráceas, melastomatáceas y otros arbustos pioneros, dan paso a bosques de encenillos, raques, rodamontes, etc. Y finalmente, llegan las especies de bosque maduro, entre cuyos árboles también están las lauráceas, con especies de los géneros Ocotea y Persea que pueden alcanzar elevaciones de más de 3500 metros en las cordilleras del país.

 

Una nota sobre las aves

Atrapamoscas (Mecocerculus leucophrys) - M. Woodruff - 2007
Además de su riqueza florística, los bosques de alta montaña son conocidos por su diversidad de aves, entre las cuales se encuentran especies endémicas y amenazadas. Hay todo un conjunto de aves altoandinas, conocidas como “especialistas de Polylepis” que habitan preferente o exclusivamente en los bosques dominados por estos árboles. Las aves especialistas de Polylepis están más diversificadas en los Andes de Perú y Bolivia. En Colombia aunque hay menos especies exclusivas de estos ambientes, los bosques de Polylepis siguen teniendo una fauna variada: se estima que pueden albergar cerca de 100 especies de aves, entre las que se cuentan muchos colibríes, atrapamoscas, tangaras, pinchaflores y picoconos. En términos de riqueza de especies, los bosques y matorrales de alta montaña albergan muchas más aves que las áreas abiertas del páramo. Una razón más para impulsar la conservación de estas reducidas áreas de nuestras cordilleras.

viernes, 2 de mayo de 2014

Biodiversidad urbana - Vida silvestre en medio de la ciudad

Park Way - Hábitat de 45 especies de plantas - Pedro Felipe - 2013
Más de un año llevo viviendo en la localidad de Teusaquillo, en Bogotá. En este tiempo, he estado observando la vida que se mueve en medio de la ciudad. Una vida que va más allá de mi vida, de mis amigos, de mi trabajo y de mis problemas de cada día, más allá de las tareas y las reuniones, más allá de las casas y calles, más allá de los negocios, los transeúntes, los trancones, el afán, los accidentes, la basura, las noticias, el computador, el celular, la política, el supermercado. Es decir, una vida que va más allá de nuestra vida como humanos, una vida a la que, para descubrirla, tenemos que sacarle tiempo, estar tranquilos, mirar alrededor, agacharnos, alzar la cabeza, mirar las copas de los árboles. Hablo de toda esa vida representada por cientos de especies de plantas y animales, cada una de ellas tan única y especial como lo somos nosotros los seres humanos.

Fácilmente podemos pasar por alto a todos estos seres, darlos por sentados, verlos como parte del paisaje. Pero la verdad es que la vida de cada uno de ellos es tan interesante, dramática y llena de cambios como la vida de cualquiera de nosotros. Una pequeña polilla diurna del Park Way, disfrazada de mariposa con sus colores negro y anaranjado, tiene que socializar, esquivar las pisadas de perros y humanos, elevarse sobre los árboles, arriesgar su vida al pasar la calle, encontrar una pareja, llegar a un sangregado para poner sus huevos...quizás logre llegar con éxito al final de su vida, quizás muera en el intento. ¿Cómo será ese momento de su vida cuando cae un fuerte aguacero? ¿Cómo habrá sido su nacimiento a la vida aérea cuando salió de una crisálida? ¿Cómo percibirá el paisaje cuando revolotea sobre el parque, a 10 m de altura sobre nuestras cabezas?

Torcaza (Zenaida auriculata) - D. Sanches - 2008
Y así como este pequeño insecto despierta tanta curiosidad en mí, asimismo lo hace la pequeña orquídea urbana que nació aquí, en medio del pavimento, la pareja de búhos que cazan tinguas en la noche, el pequeño árbol de duraznillo que, de la nada, aparece en una grieta del andén, las palomas que crían a sus polluelos en el tejado al lado de mi ventana, la hembra de chamón que espía a los copetones, buscando la oportunidad para introducir en su nido un huevo que ella no va a criar... ¿No son vidas todas éstas, vidas que llenan nuestro alrededor, nos llenan a nosotros y siempre nos dan algo que observar, algo en qué pensar?

Claro está, si les damos tiempo, nos fijamos con cuidado y somos pacientes.

Los colores de Teusaquillo...
Además de observar, me gusta contar y recopilar. Por eso termino este artículo con una lista de datos sobre el mundo natural de Teusaquillo; dirigida a los curiosos sobre biodiversidad urbana y hecha para aquellos que pueden pensar que un barrio en medio de la ciudad no tiene mucho que ofrecer en términos de descubrimientos y observaciones interesantes sobre plantas y animales.
  • El Park Way, que se extiende desde la calle 34 hasta la 45, alberga en términos de flora, mucho más que urapanes, sangregados y chicaláes. Hace dos semanas estuve recorriéndolo con mucho cuidado y encontré 45 especies de plantas vasculares creciendo en él. Muchas de ellas son hierbas diminutas que crecen entre las grietas del suelo, otras hay que buscarlas encima de los troncos y ramas de los árboles más gruesos.
  • La presencia de abundantes torcazas o tortolitas (Zenaida auriculata) bajo los árboles de sangregado (Croton) indica que estos están produciendo semillas, que las aves comen. He contado hasta 16 individuos debajo de un mismo árbol.
  • He encontrado en Teusaquillo dos ejemplares de la orquídea Cyclopogon elatus, la única orquídea urbana que crece silvestre en Bogotá lejos de los cerros Orientales.
  • En noviembre del año pasado vi un vencejo migratorio (Chaetura sp.) volando sobre el parque del Brasil, el primer vencejo que observo en mi vida volando sobre la ciudad.
  • Ese mismo día del vencejo (5 de noviembre) vi un gordo gavilán migratorio (Buteo platypterus) posado en la punta de un viejo pino en el mismo parque del Brasil.
  • Sorprende la presencia de rapaces urbanas, aves que por estar en la cima de las cadenas tróficas, son particularmente vulnerables a los cambios en su medio ambiente: en un año y pico he registrado cernícalo (Falco sparverius), gavilán (Buteo platypterus), búho (Asio stygius) y lechuza (Tyto alba).
  • En este siglo XXI que apenas comienza Bogotá está presenciando la llegada de una nueva especie de ave que antes sólo se encontraba en climas más calientes. Se trata del alcaraván (Vanellus chilensis). Parejas de estas aves pasan volando sobre Teusaquillo (al parecer en dirección norte-sur), incluso durante las horas de la noche, cuando se las detecta por su ruidoso canto.
Alcaraván, reciente colonizador de Bogotá - Mdf - 2008