jueves, 11 de agosto de 2022

Restaurando un bosque de la planicie sabanera - Parte 3 - El vivero propio

Chinchimaní (Cuphea dipetala) - Especie endémica, cultivada en Organizmo
A mediados del siglo XX, uno de los últimos fragmentos de bosque nativo de la planicie inundable de la Sabana de Bogotá fue estudiado en el municipio de Funza por los grandes naturalistas Jorge Hernández Camacho y Thomas van der Hammen; lográndose obtener algunos datos sobre su composición de especies… justo a tiempo, pues años después, este bosque ya había sido destruido.

Ahora, casi 60 años después de la publicación de estos primeros estudios sobre los ecosistemas sabaneros, estoy asesorando la restauración de un nuevo bosque nativo de la planicie en la finca Organizmo, en el municipio de Tenjo (Cundinamarca, Colombia). Un bosque que tendrá elementos de los ecosistemas de bosques nativos y humedales que hubo (y todavía hay), en fragmentos mínimos, por la región. También será un “nuevo” bosque, ya que las condiciones del clima, suelos y uso de la tierra han cambiado mucho a lo largo de los últimos siglos de intensa actividad humana.

Este bosque será una isla de biodiversidad, un hogar para poblaciones de plantas nativas, para insectos polinizadores, para ranas y reptiles endémicos, para aves comunes, para pequeños mamíferos (chuchas, comadrejas, curíes, etc.), sumergido en medio de una matriz de cultivos, potreros y áreas en rápida urbanización.

Aquí pueden enterarse, en una serie de 4 textos, sobre cómo se está adelantando este proceso.

¿Por qué viveros?

Tinta (Monnina sp.) - Especie que se regenera por sí sola en la finca
Para la mayoría de nosotros, los viveros son quizás la opción más obvia para adquirir plantas que podemos usar para restaurar un bosque. Pero recurrir a los viveros también tiene varios inconvenientes que no solemos tener en cuenta. Uno de ellos es que, desde el punto de vista de la conservación de la biodiversidad, suele ser más valioso permitir que se regeneren especies nativas, espontáneas, en un terreno, que traer plantas de afuera (así estas plantas de vivero sean “nativas”).

Si se planta una alta densidad de plantas de vivero en un terreno, se estarán ocupando los espacios que podrían más bien ser ocupados por plántulas de regeneración espontánea, esas sí representantes de especies y linajes que pueden remontarse a miles de años de crecimiento en ese lugar. Linajes que son distintos de municipio en municipio, de valle en valle, de cordillera en cordillera.

Otro inconveniente de los viveros (y de las personas que hacemos restauración) es que estamos excesivamente enfocados en producir árboles. Siendo que, en un bosque altoandino, los árboles apenas representan un porcentaje modesto, quizás un 20%, de la riqueza de especies de plantas vasculares; el resto, la mayoría, son trepadoras, palmas, arbustos, hierbas, epífitas. ¿Cómo podemos pretender hacer un bosque de verdad, plantando sólo árboles? A pesar de esto, la realidad es que los viveros comerciales prácticamente no propagan hierbas nativas, ni bromeliáceas locales, ni arbustos de sotobosque, ni trepadoras de bosque altoandino (y, de hecho, tampoco propagan la mayoría de especies de árboles de bosque maduro).

Las especies de vivero comercial

Cedro (Cedrela montana) - Plantado para restauración ecológica 
A pesar de las limitaciones mencionadas arriba, en los últimos 30 años, los viveros comerciales han ido mejorando y poco a poco incluyen en su “menú” más especies procedentes de las cordilleras colombianas. Y aun así, para poner el caso de la Sabana de Bogotá, pocas de las especies “nativas” que se consiguen en un vivero comercial son realmente nativas de esta región. De hecho, toda una serie de especies “nativas” realmente lo son de otras partes de las cordilleras, sobre todo de las laderas occidentales, exteriores a la Sabana, donde hacen parte de los bosques subandinos y bosques de niebla. Estas especies son, por ejemplo, el pino romerón (Retrophyllum rospiglosii), chicalá (Tecoma stans), sangregado (Croton mutisianus), roble (Quercus humboldtii), nogal (Juglans neotropica), guayacán de Manizales (Lafoensia acuminata), caucho sabanero (Ficus americana), caucho Tequendama (Ficus tequendamae), yarumo blanco (Cecropia telenitida) y cajeto (Citharexylum subflavescens).

Poco más de 20 especies de árboles y arbustos que se plantan regularmente en los viveros comerciales de la región son realmente nativas de la Sabana de Bogotá y de los cerros que la circundan y miran hacia ella. Las más frecuentemente propagadas de este combo de verdaderas nativas son el aliso (Alnus acuminata), arrayán (Myrcianthes leucoxyla), cedro (Cedrela montana), chilco (Baccharis latifolia), ciro (Baccharis macrantha), corono (Xylosma spiculifera), cucharos (Myrsine coriacea, Myrsine cf. pellucida), espino garbanzo (Duranta mutisii), hayuelo (Dodonaea viscosa), juco o garrocho (Viburnum tinoides), gurrubo (Lycianthes lycioides), laurel de cera de hoja pequeña (Morella parvifolia), laurel de cera de hoja grande (Morella pubescens), mano de oso (Oreopanax incisus) y tíbar (Escallonia discolor).

Diversidad local vs viveros

Ageratina apollinairei - Especie endémica propagada por esquejes
Para poner esta información en contexto, y para no ilusionarnos con las 20 especies nativas que podemos comprar, hay que decir que un terreno de entre 5 a 10 hectáreas de la región, que tenga una mezcla de áreas con predominio de vegetación herbácea (potreros, áreas de cultivo y/o humedales) y áreas más conservadas con vegetación leñosa desarrollada, nativa (matorrales, bosques), puede tener alrededor de 200 especies de plantas vasculares nativas creciendo en él. Si vamos a restaurar la vegetación nativa de un área muy degradada, ¿cómo podemos hacer una restauración adecuada plantando menos de 20 especies, compradas en un vivero? Y, además de ello, ¿cómo podemos hacer una restauración adecuada plantando sólo árboles y unas pocas especies de arbustos?

En muchas fincas de las montañas alrededor de la Sabana, la solución a esta escasez que ofrecen los viveros comerciales puede ser favorecer la regeneración natural siempre que sea posible. En las partes planas de la Sabana, sin embargo, esto ya no es una opción, debido a que siglos de sobreexplotación han acabado casi por completo con los antiguos ecosistemas del lugar. Muchas especies nativas, presentes en siglos pasados, ya han desaparecido. Otras existen en números tan pequeños, a menudo tan lejos del sitio que va a ser restaurado, que no es viable pensar que sus semillas van a terminar llegando por sí solas.

El vivero de restauración

Jarilla (Stevia lucida) - Especie propagada por esquejes
El escenario descrito arriba es el que se encuentra en la finca Organizmo, donde casi toda su área fue cultivada en forma intensiva en las décadas anteriores y la vegetación nativa quedó reducida a mínimos restos. Aun así, como mencionó en la entrega 2 de esta serie, durante los inventarios que se realizaron en el primer semestre de 2022, se encontró que, a pesar de todas las intervenciones pasadas, en la finca todavía se encuentran 90 especies nativas de la Sabana de Bogotá, que crecen silvestres aquí. 90 sobrevivientes, alrededor de las cuales se pueden ahora iniciar las labores de restauración ecológica.

Haciendo el inventario, también se hizo el listado de especies para reintroducir y alcanzar de nuevo una cifra de al menos 200 especies de plantas nativas creciendo en el terreno. Y ya que, como se mencionó arriba, los viveros comerciales no son una opción para conseguir toda esta flora, se ha recurrido entonces a establecer un vivero de restauración. Un vivero no comercial, de pequeña escala, donde se propagan, para el proyecto de restauración de la finca, entre 1000 a 2000 ejemplares de las más de 100 especies que se requieren.

Esta opción de usar viveros provisionales, de pequeña escala, para los proyectos de restauración ecológica, tiene muchas ventajas. Una de ellas es que cada proyecto de restauración tiene su propio vivero, surtido con esquejes, plántulas y semillas propios de la localidad donde se encuentra, representantes de líneas genéticas locales. La otra gran ventaja es que permite propagar, a una escala adecuada para una finca, decenas de especies que ningún vivero comercial produce, incluyendo formas de vida como las trepadoras, arbustos y hierbas nativas, que suelen ser casi completamente ignoradas en muchos proyectos de restauración.

Los resultados

Camargo (Verbesina sp.) - Reintroducido a Organizmo
En los primeros 8 meses de este año 2022, ya hemos cultivado en el vivero de la finca Organizmo 85 especies de plantas nativas de la Sabana de Bogotá. Y de estas, ya hemos plantado 52 especies en el terreno. Además, hemos conseguido otras 10 especies adicionales que hemos reintroducido directamente en el terreno, sin pasar por el vivero. Y hemos plantado en el terreno otras 6 especies más, compradas en viveros comerciales. Para un total de 68 especies nativas plantadas en el terreno este año. 

Con esta plantación, se ha logrado aumentar las poblaciones de especies que estaban muy reducidas, a veces con un único ejemplar sobreviviente en la finca. También se han logrado reintroducir especies que ya estaban extintas en la finca. Tenemos ya 126 especies nativas creciendo en el terreno. Y vamos para arriba. Otras 27 especies adicionales esperan en el vivero hasta que tengan la estatura adecuada para plantarlas en sus sitios definitivos. El plan es, entre lo que queda de este año y el próximo, conseguir al menos otras 50 especies más para reintroducir y alcanzar así la meta auto-impuesta de 200 especies de plantas nativas creciendo en Organizmo. ¡Una meta que se ve sorprendentemente cerca!

domingo, 3 de julio de 2022

Restaurando un bosque de la planicie sabanera – Parte 2 – El inventario inicial

Parche de matorral nativo en Organizmo 
A mediados del siglo XX, uno de los últimos fragmentos de bosque nativo de la planicie inundable de la Sabana de Bogotá fue estudiado en el municipio de Funza por los grandes naturalistas Jorge Hernández Camacho y Thomas van der Hammen; lográndose obtener algunos datos sobre su composición de especies… justo a tiempo, pues años después, este bosque ya había sido destruido.

Ahora, casi 60 años después de la publicación de estos primeros estudios sobre los ecosistemas sabaneros, estoy asesorando la restauración de un nuevo bosque nativo de la planicie en la finca Organizmo, en el municipio de Tenjo (Cundinamarca, Colombia). Un bosque que tendrá elementos de los ecosistemas de bosques nativos y humedales que hubo (y todavía hay), en fragmentos mínimos, por la región. También será un “nuevo” bosque, ya que las condiciones del clima, suelos y uso de la tierra han cambiado mucho a lo largo de los últimos siglos de intensa actividad humana.

Este bosque será una isla de biodiversidad, un hogar para poblaciones de plantas nativas, para insectos polinizadores, para ranas y reptiles endémicos, para aves comunes, para pequeños mamíferos (chuchas, comadrejas, curíes, etc.), sumergido en medio de una matriz de cultivos, potreros y áreas en rápida urbanización.

Aquí pueden enterarse, en una serie de 4 textos, sobre cómo se está adelantando este proceso.


El primer paso

Ciro y acacias... nativas creciendo entre las exóticas
Como primera tarea para un trabajo de restauración, hay que saber qué ecosistemas y especies están presentes en el lugar. No hay que pensar que una finca donde dominan los potreros y árboles exóticos es una “hoja en blanco”, donde nuestra tarea es llenarla de plantas compradas en vivero comercial. Más bien, hay que descubrir si quedan parches, así sea pequeños, de vegetación nativa. Si conocemos las plántulas del bosque, mejor aún, para que nos demos cuenta si algunas especies locales están presentes y germinando por sí solas en los terrenos.

Ese trabajo se realizó con detalle en la finca Organizmo en enero de 2022. Así se descubrió que en la finca, dominada ahora por potreros, jardines, árboles exóticos (acacias, eucaliptos, urapanes), grandes zarzales y algunas áreas plantadas en los últimos años con arbolitos nativos, persisten dos parches, muy reducidos, de vegetación de matorral nativo, uno en un lindero, el otro en un rincón del predio, hacia el río. Además de esto, se encontró que la finca alberga cerca de 300 especies de plantas vasculares, de las cuales 90 especies son nativas del municipio. Se encontró que la finca aún alberga unas pocas especies de flora endémica, como los amargosos (Ageratina appollinairei, Ageratina asclepiadea), ambos, lamentablemente, reducidos en la finca a apenas un individuo sobreviviente de cada especie. Ahora ambas son especies candidatas ideales para emprender labores para restaurar sus poblaciones.


Más cifras

Rana sabanera (Dendropsophus molitor)
En el inventario de enero se registraron en Organizmo 1 especie de caracol, 4 de libélulas y caballitos del diablo, 2 especies de saltamontes, 5 especies de abejas y abejorros y 12 especies de mariposas diurnas. Entre los vertebrados, se cuentan 1 especie de anfibio, la rana sabanera (Dendropsophus molitor). Y 2 especies de reptiles, la inofensiva serpiente tierrera (Atractus crasicaudatus) y el “camaleón” (Anolis heterodermus).

Se han registrado hasta el momento alrededor de 50 especies de aves en Organizmo. Aunque la mayoría son aves propias de terrenos abiertos, destaca la presencia de especies asociadas con vegetación espesa, de bosques y matorrales nativos, actualmente más restringidas a los cerros y raras en la planicie de la Sabana: la paloma collareja (Patagioenas fasciata), chamicero (Synallaxis subpudica), clarinero (Anisognathus igniventris) y arañero (Myiothlypis nigrocristata). La presencia de estas especies habla de la cercanía de los cerros llenos de monte nativo y de cómo en Organizmo se ha permitido la regeneración de extensos matorrales (incluyendo matorrales de moras o zarzas), que ahora ofrecen un hábitat adecuado para algunas de estas aves.

Los mamíferos silvestres presentes en la actualidad incluyen la chucha o fara (Didelphis pernigra), comadreja (Mustela frenata) y el curí silvestre (Cavia aperea).


Las especialidades

Caballito del diablo (Ischnura chingaza), especie endémica
Los resultados del inventario muestran que el terreno tiene aún una modesta, pero muy importante, muestra de los ecosistemas y especies nativas propias de la planicie de la Sabana de Bogotá. Esta muestra incluye restos de matorrales nativos, aves y mamíferos propios de vegetación densa y un número importante de especies endémicas, es decir, que sólo se encuentran en Colombia y en ningún otro país del mundo y que son, por tanto, prioritarias para conocer y conservar. Entre las especies endémicas registradas en Organizmo se cuentan: entre la flora, los amargosos (Ageratina apollinairei, Ageratina asclepiadea), mortiño (Hesperomeles goudotiana) y cansabrazos (Galianthe bogotensis); entre la fauna, el caballito del diablo (Ischnura chingaza), el saltamontes bogotano (Bogotacris), la polilla ojos de búho (Leucanella nyctimene), el cucarrón o escarabajo “mayo” (Paulosawaya ursina), la abeja cortahojas (Megachile amparo), la rana sabanera (Dendropsosphus molitor), la culebra tierrera (Atractus crassicaudatus) y el chamicero (Synallaxis subpudica).

Con esto ya sabemos qué especies hay y también podemos detectar cuáles faltan. Podemos decir, con buen fundamento, qué especies se pueden volver a plantar, qué especies claves podemos traer para seguir aumentando las poblaciones de flora y fauna y volver a crear, en medio de la planicie de la Sabana, un nuevo bosque lleno de biodiversidad local.


jueves, 16 de junio de 2022

Restaurando un bosque de la planicie sabanera - Parte 1 - Los principios

Bosque joven de alisos en Organizmo
A mediados del siglo XX, uno de los últimos fragmentos de bosque nativo de la planicie inundable de la Sabana de Bogotá fue estudiado en el municipio de Funza por los grandes naturalistas Jorge Hernández Camacho y Thomas van der Hammen; lográndose obtener algunos datos sobre su composición de especies… justo a tiempo, pues años después, este bosque ya había sido destruido.

Ahora, casi 60 años después de la publicación de estos primeros estudios sobre los ecosistemas sabaneros, estoy asesorando la restauración de un nuevo bosque nativo de la planicie en la finca Organizmo, en el municipio de Tenjo (Cundinamarca, Colombia). Un bosque que tendrá elementos de los ecosistemas de bosques nativos y humedales que hubo (y todavía hay), en fragmentos mínimos, por la región. También será un “nuevo” bosque, ya que las condiciones del clima, suelos y uso de la tierra han cambiado mucho a lo largo de los últimos siglos de intensa actividad humana.

Este bosque será una isla de biodiversidad, un hogar para poblaciones de plantas nativas, para insectos polinizadores, para ranas y reptiles endémicos, para aves comunes, para pequeños mamíferos (chuchas, comadrejas, curíes, etc.), sumergido en medio de una matriz de cultivos, potreros y áreas en rápida urbanización. Aquí pueden enterarse, en una serie de 4 textos, sobre cómo se está adelantando este proceso.

Un nuevo bosque

Por su contexto, situado en una región altamente transformada, de cultivos, potreros y jardines (y no en un parque nacional con amplios ecosistemas relativamente intactos), la idea es aceptar las especies cultivadas, ornamentales e introducidas, que ya crecen en el terreno… en lugar de combatir contra las “especies invasoras”. Pero darle de ahora en adelante completa prioridad al cultivo y reintroducción de decenas de especies que sí son nativas del municipio de Tenjo. Para que estas especies nativas se vuelvan co-dominantes y puedan entretejerse con las introducidas, en igualdad de condiciones.

Estos nuevos ecosistemas serán manejados con mínimo mantenimiento, sin riegos, sin abonos, sin desyerbes, sin cortes de pasto y otra vegetación. Se permitirá que la regeneración de la vegetación siga sus ritmos naturales. Se permitirá la acumulación gradual de hojarasca en el suelo, el desarrollo de musgos y líquenes sobre los troncos, la caída de ramas secas al suelo, el establecimiento espontáneo de hongos micorrícicos, el crecimiento de trepadoras… para que el nuevo bosque sea de verdad un bosque silvestre, un “monte”, no un parque o una plantación forestal.

Pasto alto

Hierbas nativas surgiendo entre el pasto alto
Todas las técnicas con las que se va a restaurar el bosque de Organizmo ya han sido ensayadas, desde hace 30 años, en la finca donde crecí, en Subachoque, y en otras fincas donde llevo años haciendo trabajos de restauración ecológica. Uno de los primeros principios es que, en el área que se va a restaurar, no se va a cortar nunca más el pasto. Al inicio se plantarán sólo plantas pioneras, como alisos, amargosos, arbolocos, camargos, chilcos, ciros, laureles de cera, raques, tíbares y tintos, que por naturaleza saben crecer entre el pasto alto y saben superarlo y eventualmente, tras 10-15 años, reemplazarlo por la hojarasca y el musgo de un bosque joven; este proceso lo logran las especies nativas incluso creciendo entre el introducido pasto kikuyo, de crecimiento tan poderoso.

No cortar el pasto y no hacer plateos, además de un enorme ahorro en esfuerzo y dinero, tiene la ventaja de que se deja bien protegido el suelo. El pasto guarda humedad, lo cual es ventajoso para las especies plantadas, especialmente durante las temporadas de verano. Además, al no cortarlo, se evita cortar por accidente a decenas de plántulas de otras especies nativas espontáneas que empiecen a nacer al lado de las cultivadas.

Las trepadoras

Abeja Thygater sobre flor de una trepadora Passiflora 
Otro principio es que el nuevo bosque no se plantará sólo con árboles. Un bosque nativo es mucho más que árboles; de hecho, el 80% de las especies de plantas vasculares presentes en un bosque altoandino NO son árboles, sino corresponden a otras formas de vida, como arbustos, trepadoras, epífitas y hierbas. Por esta razón, en Organizmo se reconoce la importancia de restaurar un bosque con toda su diversidad de especies. Por esta razón, desde este año se ha iniciado la propagación, en un vivero propio de la finca, de decenas de especies nativas que no se cultivan en viveros comerciales y que en su mayoría no son árboles.

También se reconoce la importancia de permitir el desarrollo de flora espontánea que, de manera muy poderosa, cubre las primeras etapas de la sucesión de un bosque. Se protegerán ciertos árboles seleccionados (como cedros) para que las trepadoras no se les suban y los ahoguen. Pero también se permitirá, en muchas partes, que se formen grandes marañas de bejuco coronillo (Muehlenbeckia tamnifolia), ya que, además de ser nativa, esta planta es insuperable como formadora de hojarasca, formadora de marañas donde se oculta y cría la fauna, y es una gran productora de frutos favoritos de las aves silvestres.

Por razones similares, se permitirá en muchos sitios el desarrollo de las zarzas o moras silvestres (Rubus robustus). Pues estas también son nativas, también son propias de las primeras etapas de formación de un bosque joven y los densos y espinosos matorrales que forman son los mejores refugios para que mamíferos como chuchas, comadrejas, curíes y conejos encuentren un refugio frente a los perros que los atacan. Un matorral de moras es un excelente hábitat para aves de sotobosque como el endémico chamicero (Synallaxis subpudica) o el arañero (Myiothlypis nigrocristata), que nunca podrían vivir en un terreno plantado, al modo de un parque, sólo con árboles.

Madera muerta

Carpintero (Dryobates fumigatus) - M. Woodruff - 2007
A lo largo de todo este proceso, y a lo largo de las décadas que siguen, algunos de los árboles plantados no sobrevivirán. Esto, que a primera vista puede sonar como una mala noticia, no lo es en absoluto. Pues ningún bosque nativo puede considerarse sano y completo si no tiene madera muerta en él. A la mayoría de nosotros nos gustan los búhos, los loros, los pájaros carpinteros.. pero ¿hemos pensado dónde crían todas estas aves? Todas ellas anidan en agujeros en troncos y ramas muertos, donde la madera resulta fácil de excavar o donde se han desarrollado agujeros naturales. Si no hubiera árboles muertos, todas estas maravillosas aves no existirían. Así que, si durante el crecimiento de los nuevos bosques de la finca, uno que otro árbol muere ahogado por una trepadora o aquejado por una enfermedad o por alguna otra razón, sabremos que acabamos de ganar un elemento clave más en la vida de un bosque completo.

Es importante mencionar todos estos aspectos, pues se apartan de muchas prácticas usuales en la agricultura, en la jardinería y en la industria forestal. Restaurar un bosque, como yo lo veo, tiene que ver más con “dejar ser” a los procesos naturales. No limitar o impedir tanto los crecimientos espontáneos. No ir en tanta contravía de los tiempos y las maneras que llevan millones de años mostrando su efectividad.

sábado, 15 de mayo de 2021

Árboles abuelos y bosques maduros en la alta montaña

Guamarón (Guarea kunthiana)
A medida que estudio y sigo estudiando los bosques de Colombia, se me hace cada vez más evidente cuán inmensa es la variedad de organismos que habitan en ellos. Son muy pocos los que conocemos en persona y muy pocos los que realmente llegaremos a conocer en toda una vida. Me doy cuenta de que en una región de una de las cordilleras habitan ciertas especies, mientras que en otra región de la misma cordillera o de una cordillera diferente, puede haber un conjunto de especies distinto, con muy pocas especies compartidas entre ambas localidades (incluso si su clima es similar).

A pesar de esta variedad, también me doy cuenta de que, en cada ecosistema, siempre están presentes especies con ciertos orígenes y parentescos, con ciertas características, que ocupan posiciones especiales dentro del bosque e interactúan unas con otras de cierta manera. En este sentido, los bosques no son el caos que aparentan, sino que hay en ellos un orden muy especial. Un orden como el que puede tener un organismo, una ciudad, o cualquier otro sistema.

Así, por ejemplo, en cada bosque hay unos arbustos, árboles y trepadoras que crecen más deprisa que otras especies leñosas y que son las primeras formadoras de bosque cuando en un potrero, área de derrumbe, terreno quemado, etc., se inicia la regeneración natural de la vegetación. Son las especies pioneras. En cada bosque bien conservado hay otro conjunto de árboles y arbustos que nacen sólo después, bajo la sombra y hojarasca de las especies más veloces. Son las especies leñosas de bosque maduro, mucho más longevas que las primeras. Estas especies de bosque maduro son las que terminan por dominar en los bosques más viejos, luego de algunos siglos de desarrollo. En los bosques maduros también suelen alcanzar su máxima expresión otros grupos de plantas, como las palmas y las plantas epífitas, que crecen sobre los troncos y ramas de los árboles: orquídeas, bromeliáceas, algunos helechos, etc.

Amarillo o laurel (Ocotea pedicellata)

En un mundo tan inestable como el actual, que parece ir cada vez más deprisa, donde cada vez se siente mayor presión de producción y explotación sobre cada hectárea, los bosques realmente antiguos van desapareciendo rápidamente. Una vez talado, un viejo bosque como los que aún se encuentran en muchas partes de Colombia (que puede tener cientos, miles o incluso decenas de miles de años de edad) no volverá a retornar. Al menos no como era, al menos no en varios siglos. Por eso, en este mundo, cada bosque antiguo que queda en pie es algo tan valioso, tan irrepetible, tan irrecuperable, tan digno de conservación. Tanto por sus funciones prácticas de beneficio más directo para los humanos (p. ej. captación de carbono, protección de cuencas hidrográficas), como por su función como albergues de la mayor parte de la biodiversidad del país. Y por su función como una especie de “libros” donde podemos “leer” y aprender infinidad de temas sobre la vida, sobre el tiempo.

Ahora me doy cuenta de que la mayor parte de los bosques fácilmente accesibles que encontramos en las áreas más pobladas de Colombia son otro tipo de bosques. Antes, hace décadas o siglos, eran bosques maduros. Luego, fueron talados. Algunos se recuperaron parcialmente y ahora son bosques jóvenes. De estos bosques más jóvenes son propias especies bien conocidas de árboles pioneros como los alisos, arbolocos, sangregados, sietecueros y yarumos.

Encenillo (Weinmannia fagaroides)

Mientras estos bosques jóvenes se convierten en los bosques dominantes en gran parte de Colombia, yo sigo observando los bosques viejos. Quiero aprender más sobre los gigantes que los dominan. Sobre esos árboles que pocas veces he visto. Sobre esos árboles que no logro reconocer, que no son de las especies comunes. Sobre esos árboles que están desapareciendo y que quiero ayudar a conservar, con la esperanza de volver a plantarlos en bosques más jóvenes. Para que estos bosques más jóvenes tengan la oportunidad de madurar en una forma diversa, y ayuden a conservar estos linajes viejísimos, para nosotros, para los demás organismos, y todas las generaciones humanas y no humanas que vienen.

¿Quiénes son estos gigantes? ¿Estos árboles que pueden alcanzar 1, 2 o 3 siglos de edad, e incluso más? ¿Cómo es su vida? ¿Cómo nacen y donde lo hacen? ¿Cómo son sus primeros años de vida? ¿Cuánto tardan en alcanzar su adultez? ¿Con qué otras especies se relacionan? ¿Cómo se pueden propagar y qué se requiere para poder plantarlos en forma exitosa? Estas son algunas de las preguntas que me hago a cada rato.

Y algo he logrado averiguar sobre algunas especies, luego de décadas de estarlas observando y conviviendo de cerca con ellas. En las zonas de clima frío y páramo por encima de 2500 m de elevación, hay algunas decenas de especies de árboles que son habitantes sumamente importantes de los bosques maduros. En el siguiente enlace pueden ver 45 de estas especies, como las he conocido, como las he observado, como las he visto crecer en todos estos años: 

https://colombia.inaturalist.org/guides/13830


Calabacillo (Meliosma frondosa)


Arrayán negro (Myrcianthes rhopaloides)


Roble (Quercus humboldtii)




Higuerón (Ficus gigantosyce)




Amarillo o laurel (Ocotea heterochroma)




Arrayán (Psidium pedicellatum)





Pino hayuelo (Prumnopitys montana)




Aguacatillo colorado (Persea ferruginea)


miércoles, 3 de junio de 2020

Los vecinos que esperábamos conocer

Pato turrio (Oxyura jamaicensis)
A finales del año pasado salió publicado por la Alcaldía de Bogotá uno de los libros más completos que se han realizado hasta el momento sobre la fauna de Bogotá: Vecinos inesperados. Relatos sobre la fauna silvestre en Bogotá. Este libro, homónimo del documental también estrenado en esas fechas sobre la fauna capitalina, nos muestra, ficha tras ficha, con espectaculares fotografías, la asombrosa cifra de 20 mamíferos, 168 aves, 6 reptiles, 8 anfibios, 2 peces y 21 invertebrados, todos viviendo en la ciudad y sus alrededores.

Esto representa aproximadamente la mitad de las especies de mamíferos nativos, 60% de las aves, la totalidad de los reptiles, 70% de los anfibios y dos tercios de los peces nativos que se han registrado en el Distrito, reunidos todos juntos en una misma publicación. De los invertebrados aparece apenas un pequeño muestrario, suficiente para enseñar algunas especies emblemáticas como la mariposa espejito o el marranito de la humedad y contar sobre su importancia. Pero claramente, por cuestiones de espacio y por la dificultad para identificar y encontrar información suficiente sobre este grupo tan diverso de pequeños seres (que potencialmente tiene miles de especies viviendo en la región), los invertebrados incluidos representan apenas una fracción (posiblemente menos del 1%) de su verdadera diversidad.

Así de increíble, en apariencia interminable, resulta ser la variedad de formas de vida que se encuentra en esta región de los Andes colombianos.

El libro está dirigido al público general y pretende generar asombro, interés y un mayor conocimiento sobre todas y cada una de las especies de animales que a menudo, sin que las notemos, hacen de Bogotá su hogar. Con "Bogotá" se entiende no solamente las áreas urbanizadas, sino toda el área del Distrito Capital, que se extiende desde las planicies de inundación a orillas del río Bogotá hasta las cimas de los cerros Orientales y los campos de cultivo de los Verjones; y desde los potreros del extremo norte de la capital, hasta la inmensidad llena de cumbres, valles, lagunas y frailejones del páramo de Sumapaz. Un territorio de más de 1700 km2 de extensión, que abarca elevaciones entre los 2550 y los 4000 metros sobre el nivel del mar.

La presencia de áreas y hábitats tan variados, unos abiertos, otros boscosos, unos secos, otros inundados, unos densamente habitados, otros con muy pocas personas, explica por qué en el libro aparecen como bogotanas especies tan disímiles como osos y copetones, garzas y cusumbos, salamandras y avispas, serpientes y tigrillos, alondras y guapuchas.

La vasta labor de seleccionar las especies, conseguir información sobre ellas y conseguir las imágenes, estuvo a cargo de Paola María Sánchez, asesora editorial del proyecto y una de las fotógrafas más importantes de éste. Un gran porcentaje de las imágenes del libro fueron tomadas específicamente para éste por Cesar David Martínez. También se muestran excelentes imágenes de Sebastián Ballesteros y muchos otros fotógrafos. Quien mire el libro podrá asombrarse por la dedicada labor de quienes lograron retratar toda la fauna exhibida.

Uno de los puntos que, en mi opinión, hacen muy agradable el libro son los textos con el inconfundible estilo de Andrés Ospina, escritor, autor del Bogotálogo y de Chapinero. El hecho de haber sido redactados por una persona no especializada en biología, les da a estos un tono fresco, una cercanía que rara vez se encuentra en textos de este tipo.

La asesoría científica a los contenidos estuvo a cargo de Jose Fernando González Maya, de la fundación ProCAT.

La obra tiene un cuidadoso trabajo editorial, realizado por La Silueta y, más específicamente, por Juan Pablo Fajardo y Camila Perry.
La tingua bogotana (Rallus semiplumbeus) en el libro

Muchas más personas, a quienes no alcanzo a mencionar, intervinieron en todas las etapas de creación de este libro. Hablo con propiedad de las que conocí personalmente, incluyendo a Lina María Andrade, parte del comité editorial de este proyecto y por medio de quien supe de él. A su intensa labor, el proyecto de Vecinos inesperados debe muchísimo el haberse podido llevar a cabo.

Yo mismo me alegro de haber podido apoyar, responder todo tipo de consultas y revisar partes del libro en diferentes momentos de su desarrollo.

Y quedan cosas por revisar. Hacer una obra de esta magnitud, con total precisión, sería una labor de muchos años, quizás décadas enteras. No ha sido este el caso de Vecinos inesperados, que fue desarrollado en menos de un año. Muy poco para lograr plena exactitud; a lo largo del libro, expertos y lectores cuidadosos encontrarán detalles para arreglar, afirmaciones para verificar. Pero, incluso así, la obra cumple plenamente su propósito y logra llenarnos de asombro ante la inmensa variedad de vida que convive con nosotros en esta ciudad de montaña.


P. S.
Como tantas obras hechas con recursos públicos, el libro no se encuentra disponible para la venta. Tampoco ha sido realizada aún una versión digital, que pueda descargarse. Pero sí puede ser consultado en la Red de bibliotecas públicas de Bogotá, a donde remitimos a las personas a quienes haya picado la curiosidad y quieran leer y disfrutar esta obra.


Una colección de "Vecinos inesperados"

lunes, 28 de octubre de 2019

Restaurar bosques con la mayor variedad de flora

Una combinación de técnicas

Chinchimaní (Cuphea dipetala) - Arbusto nativo, propagado por esquejes
En los trabajos de restauración ecológica que he estado realizando en los últimos años, estoy usando ahora una combinación de tres técnicas para recuperar la mayor cantidad de especies nativas de un lugar. Estas técnicas son: 1) Regeneración natural de la vegetación. 2) Compra de algunos árboles y arbustos pioneros nativos producidos en vivero comercial. 3) Establecimiento de un pequeño vivero para propagar varias decenas de especies que no se consiguen comercialmente: sobre todo arbustos, trepadoras, hierbas nativas.

Combinando estas tres técnicas se consiguen resultados muy interesantes. Para la Sabana de Bogotá y alrededores, que es la zona donde más he estado trabajando, logré el año pasado la combinación de unas 50 especies nativas en la restauración de un par de hectáreas de bosque seco de clima frío en el municipio de Madrid, en una de las áreas más secas de la Sabana de Bogotá.

En Subachoque, estoy trabajando actualmente en la restauración de algunos kilómetros de corredores de bosque, que bajan de la montaña hacia el río. Aquí, usando esta misma combinación de técnicas, estamos empezando a restaurar áreas de nuevo bosque que, en conjunto, incluyen entre 50-70 especies nativas.

Son números de especies bastante elevados, muy por encima de las cifras de entre 10-20 especies nativas que suelen plantarse en muchos proyectos de restauración, los cuales suelen sólo incluir especies arbóreas y algunos arbustos. En el caso de los proyectos que estoy asesorando, la idea es volver a tener un bosque completo, con todas las formas de crecimiento que se desarrollan en un ecosistema bien conservado.

La experiencia ganada en los últimos años combinando las tres técnicas mencionadas arriba será usada próximamente en más proyectos por la región.

Esquejes

Vivero con esquejes de flora nativa recién plantados
Me parece interesante resaltar la propagación vegetativa (esquejes, división de plantas) que posibilita adquirir, sin mucho esfuerzo, muchas especies de plantas para restauración ecológica. Ventajas: los esquejes y plantas para división pueden ser obtenidos en cualquier momento del año; mientras que las semillas suelen producirse sólo en ciertas temporadas y a menudo están muy alto sobre el suelo, fuera del alcance del recolector. Otra ventaja es que las plantas propagadas por esquejes suelen estar rápidamente listas para plantar en el terreno, a veces ya a partir de los 3 o 4 meses de haberse recogido y plantado en vivero.

Claramente, la propagación por semillas también presenta ventajas para la restauración, incluyendo una mayor variabilidad genética. En cambio, todos los esquejes obtenidos de una misma planta son efectivamente clones de ésta, genéticamente idénticos. Por esta razón, para mantener una mayor diversidad, se recomienda tomar esquejes de muchos ejemplares distintos, no sólo de uno solo. También, al igual que para las semillas, se recomienda, siempre que se pueda, propagar plantas que crezcan en áreas cercanas a la zona de restauración, para asegurarnos que estamos privilegiando la genética local, adaptada desde hace milenios a las condiciones de un lugar dado.

Usándola en forma adecuada, la propagación vegetativa de plantas nativas nos posibilita plantar decenas de especies adicionales en un área donde estemos haciendo un proyecto de restauración ecológica. Eso sí, sólo un porcentaje pequeño de la flora nativa de un bosque se deja propagar bien por esquejes. En mis trabajos de propagación no uso hormonas ni otras sustancias que ayudan a las plantas a enraizar. Mediante ensayo y error, he logrado probar con éxito alrededor de 70 especies de plantas que se propagan sin ninguna dificultad cortando trozos de ellas y plantándolos luego en tierra húmeda en bolsas de vivero. Una mención a algunas de estas especies sigue a continuación. Si quieren ver imágenes de todas ellas, les recomiendo que las busquen por nombre científico aquí: https://colombia.inaturalist.org/observations

Especies propagadas por esquejes, para restaurar los bosques y matorrales más húmedos

Anturio bogotano (Anthurium bogotense)
Planta de atractivas hojas acorazonadas, propia del interior del bosque. Crece sobre el colchón de musgos y materia orgánica del suelo o apoyándose sobre los troncos de los árboles.

Begonia (Begonia foliosa)
Planta de hasta 1 m de altura, muy ornamental por la disposición de su follaje y por sus abundantes flores blanco-rosadas. Crece bien en sitios sombreados, así como en las orillas del bosque.

Begonia (Begonia urticae)
Pequeña planta de flores rosadas. Suele encontrarse cerca de las quebradas, en sitios bien iluminados.

Begonia roja (Begonia ferruginea)
Planta de tallos altos, que se apoyan en la vegetación a su alrededor. Sus vistosas flores, de color rojo escarlata, son visitadas por colibríes.

Boehmeria celtidifolia
Arbusto con ramas alargadas, que se apoyan en la vegetación a su alrededor. A menudo crece cerca a las quebradas, en sitios bien iluminados. Esta especie es la planta nutricia de algunos lepidópteros.

Calzón de búho (Kohleria tigridia)
Planta con tallos trepadores, que se adhieren a los troncos de los árboles del bosque. Sus flores, extrañas y atractivas, son grandes, peludas, blancas con motitas moradas en su interior; posiblemente son polinizadas en la noche, por murciélagos.

Cansabrazos (Galianthe bogotensis)
Especie endémica del altiplano cundiboyacense. Tiene tallos alargados que forman espesas alfombras sobre suelos húmedos o que se trepan hasta 2 m de altura en la vegetación a su alrededor. Sus flores blancas, pequeñas y numerosas, atraen mariposas y otros insectos.

Chilco (Baccharis latifolia)
Arbusto de rápido crecimiento, muy común en climas fríos en potreros, bordes de caminos y matorrales con vegetación en regeneración. Sus flores blancas son muy visitadas por una variedad de insectos. Resiste bien las heladas, sequías e inundaciones.

Chilco de hoja pequeña (Baccharis prunifolia)
Chilco de hoja pequeña (Baccharis prunifolia)
Arbusto de rápido crecimiento, común en bordes de bosque, orillas de caminos y matorrales en regeneración. Sus flores blancas atraen una variedad de insectos, que toman su néctar.

Chulco (Oxalis medicaginea)
Hierba sin pelos, de tallos trepadores y flores amarillas. Crece rápidamente en los bordes de bosque.

Chulco (Oxalis fendleri)
Hierba peluda, de tallos apoyantes y atractivas flores amarillas. Crece rápidamente en sitios sombreados.

Coralito (Nertera granandensis)
Pequeña planta que forma alfombras en el piso del bosque, densamente adornadas con sus fruticos rojos. Esta especie se propaga sencillamente dividiéndola en trozos y plantando estos en bolsas de vivero.

Cucubo (Solanum cornifolium)
Arbusto o arbolito de hasta 4 m de altura, propio del interior de bosques húmedos. Aguanta bien condiciones sombreadas. Sus frutos son especiales como alimento para murciélagos frugívoros del género Sturnira.

Cucubo (Solanum oblongifolium)
Arbusto de rápido crecimiento, propio de terrenos húmedos y bien iluminados. Sus frutos son consumidos por algunas aves y murciélagos del género Sturnira.

Fleischmannia klattiana
Planta de tallos alargados, trepadores, que se apoyan en la vegetación a su alrededor. Flores blancas, visitadas por pequeños insectos. Crece mejor en bordes de bosque, bastante iluminados.

Kohleria hirsuta
Hierba con flores peludas, rojo-anaranjadas, muy atractivas, que atraen colibríes. Crece a orillas de caminos y bordes de bosque, en sitios bastante iluminados.

Mano de león (Jungia ferruginea)
Liana del bosque andino, crece adhiriendo sus tallos a los troncos de los árboles o arrastrándose por el suelo. Sus flores blancas son visitadas por insectos y la planta posiblemente hospeda orugas de mariposas del género Actinote.

Munnozia senecionidis
Planta trepadora con flores amarillas parecidas a margaritas. Esta especie es una de las plantas nutricias de la mariposa negro y naranja Altinote trinacria.

Peperomia colorata
Hierba carnosa, propia del interior de bosques y matorrales, donde forma buenas coberturas en el suelo.

Peperomia microphylla
Hierba carnosa, propia del interior del bosque, donde crece sobre colchones de musgo.

Peperomia rotundata
Hierba carnosa, de hojas peludas. Crece en el interior de bosques y matorrales nativos, donde aguanta condiciones bien sombreadas.

Phenax rugosus
Planta de tallos alargados, que se apoyan en la vegetación a su alrededor. Esta especie es la planta nutricia de algunas especies de lepidópteros.

Pico de loro (Columnea strigosa)
Planta con alargados, que se apoyan en la vegetación del interior del bosque. Sus flores, grandes y extrañas, son peludas y de color anaranjado. Estas flores son muy visitadas por algunos colibríes de bosque.

Pilea dauciodora
Hierba pequeña, que crece en sitios húmedos y sombreados dentro del bosque, a menudo al lado de las quebradas.

Raque (Vallea stipularis)
Especie de hermosas flores rosadas, muy visitadas por abejas, abejorros y colibríes. Este es uno de los pocos árboles nativos que se propaga fácilmente por esquejes. La planta requiere abundante luz para su adecuado desarrollo.

Salvia roja alta (Salvia rufula)
Arbusto de crecimiento poderoso, alcanza hasta 5 m de altura. Sus ramas alargadas se apoyan en la vegetación a su alrededor. Todo el año exhibe sus atractivas flores rojas, muy visitadas por abejas y por todo tipo de colibríes.

Zarcillejo fucsia (Fuchsia petiolaris)
Liana del bosque andino, con flores atractivas, color fucsia, colgantes. Estas flores son favoritas de algunos colibríes, incluyendo especies de los géneros Coeligena, Eriocnemis y Ensifera.

Zarcillejo naranja (Fuchsia venusta)
Liana del bosque andino, con flores muy atractivas, anaranjadas, colgantes. Estas flores son favoritas de algunos colibríes, incluyendo especies de los géneros Coeligena, Eriocnemis y Ensifera.


Especies propagadas por esquejes, para restaurar los bosques y matorrales más secos

Alloispermum caracasanum
Planta de tallos alargados, trepadores. Sus flores son visitadas por insectos polinizadores.

Alternanthera porrigens
Planta con tallos alargados, que se apoyan en la vegetación a su alrededor. Las pequeñas flores, de un atractivo color rosado, son visitadas por pequeños insectos.

Amargoso pequeño (Ageratina gracilis)
Pequeño arbusto de ramas apoyantes y flores blancas, vistadas por insectos. Crece mejor a orillas de bosques y matorrales, en sitios bien iluminados

Bejuco blanco (Oligactis sessiliflora)
Planta trepadora, con tallos que se enroscan en la vegetación a su alrededor. Este bejuco blanco es la planta nutricia de algunas especies de lepidópteros, incluyendo, posiblemente, a la mariposa negra y anaranjada Altinote trinacria.

Belladona trepadora (Salpichroa tristis)
Planta trepadora, con flores en forma de tubitos de color crema amarillento. Estas flores son visitadas por colibríes.

Carrasposo (Chromolaena bullata)
Pequeño arbusto de ramas apoyantes, endémico del altiplano cundiboyacense. Soporta bien la sequía y los suelos pobres y ácidos.

Chilco (Baccharis latifolia)
También mencionado arriba, en la sección de especies para ecosistemas más húmedos. Arbusto de rápido crecimiento, muy común en climas fríos en potreros, bordes de caminos y matorrales con vegetación en regeneración. Sus flores blancas son muy visitadas por una variedad de insectos. Resiste bien las heladas, sequías e inundaciones.

Chinchimaní (Cuphea dipetala)
Arbusto de atractivas flores moradas, visitadas por abejorros y colibríes. Resiste bien la sequía, heladas y suelos pobres y ácidos. La planta requiere sitios con mucho sol para desarrollarse adecuadamente.

Chupahuevos (Echeveria bicolor)
Pequeña hierba carnosa, con atractivas flores que combinan el anaranjado y amarillo. Estas flores son visitadas por colibríes, abejas y abejorros. La planta crece bien sobre piedras con musgo, tejados antiguos y en el suelo. Requiere abundante sol y es muy resistente a la sequía.

Espino (Duranta mutisii)
Arbusto espinoso, común en los matorrales de clima frío. Sus flores blanco-lavandas son favoritas de mariposas, abejas nativas y colibríes. Se desarrolla mejor en suelos húmedos y fértiles, con mucho sol. Personalmente, no lo he propagado por esquejes, pero he visto otras personas haciéndolo. Para tener éxito con esta técnica, aparentemente hay que usar esquejes gruesos, leñosos.

Fleischmannia pycnocephala
Hierba de flores rosado-moradas, que atraen a los insectos polinizadores. Prefiere abundante sol para su desarrollo. 

Llorones (Solanum caripense)
Planta de tallos trepadores, que se apoyan en la vegetación a su alrededor. Sus flores morado oscuras se parecen a las de la papa. Puede aguantar condiciones de sombra suave.

Jarilla (Chromolaena odorata)
Arbusto pionero, que crece rápidamente en pastizales y matorrales donde la vegetación está en regeneración. Sus flores rosado-moradas son muy visitadas por abejas y mariposas.

Jarilla (Stevia lucida)
Pequeño arbusto de hojas y ramas resinosas y flores blanco-rosadas. Muy resistente a la sequía y las heladas.

Minthostachys mollis
Planta aromática, propia de pastizales y matorrales de clima frío. Requiere buena iluminación para su adecuado desarrollo.

Peperomia ilaloensis
Planta de tallos carnosos, crece en matorrales y bosques secos. Aguanta bien condiciones de sombra.

Plumaje (Iresine diffusa)
Planta de tallos alargados, que se apoyan en la vegetación a su alrededor. Crece a orillas de bosques y matorrales.

Raque (Vallea stipularis)
También mencionado arriba, en la sección de especies para ecosistemas más húmedos. Especie de hermosas flores rosadas, muy visitadas por abejas, abejorros y colibríes. Este es uno de los pocos árboles nativos que se propaga fácilmente por esquejes. La planta requiere abundante luz para su adecuado desarrollo.

Ruda de arado (Tagetes zypaquirensis)
Ruda de arado (Tagetes zypaquirensis)
Pequeño arbusto de follaje intensamente aromático, crece en matorrales nativos, potreros y orillas de caminos. Sus flores amarillas, parecidas a margaritas, son visitadas por abejas y otros insectos. Durante las temporadas de sequía, la planta se marchita bastante, pero reverdece rápidamente cuando vuelven las lluvias.

Salvia bogotana (Salvia bogotensis)
Pequeño arbusto de flores azul-moradas, endémico de las áreas más secas de la cordillera Oriental de Colombia. Se desarrolla en sitios bien iluminados, en potreros y matorrales. En donde crece, es una de las plantas más útiles como fuente de néctar para abejas nativas y mariposas.

Salvia azul (Salvia amethystina)
Arbusto de atractivas flores azules, visitadas por abejas silvestres y colibríes. Crece en bosques y matorrales nativos, a veces bajo condiciones de sombra suave.

Salvia roja (Salvia rubescens)
Arbusto pequeño, con atractivas flores rojas. Crece bien en potreros y matorrales, donde se desarrolla mejor en sitios bien iluminados. Sus flores son visitadas por colibríes e insectos.

Salvielugo (Lepechinia salviifolia)
Arbusto aromático, de inflorescencias azuladas, muy visitadas por abejas. Resiste bien las sequías y heladas.

Tinto (Cestrum tomentosum)
Arbusto de hojas peludas, que crece en los bosques, matorrales y a orillas de caminos. Aguanta bien condiciones de sombra. La planta es hospedera de las orugas de algunos lepidópteros y sus flores posiblemente son polinizadas por mariposas nocturnas.

Tuna (Opuntia schumannii)
Cactus nativo de las zonas más secas de clima frío, alcanza la talla de un arbolito de 4 m de altura. Se propaga fácilmente plantando segmentos de la planta medio enterrados en el suelo o depositándolos directamente sobre descubierto, donde enraízan rápidamente y empiezan a crecer.

Valeriana trepadora (Valeriana clematitis)
Trepadora que cubre los árboles del bosque andino. Sus pequeñas flores blancas son visitadas por insectos. Bien resistente a la sequía y las heladas.

Venturosa (Lantana boyacana)
Arbusto con flores blancas, visitadas por mariposas y otros insectos. Muy resistente a la sequía, heladas y suelos pobres. Requiere mucha luz para su adecuado desarrollo.

martes, 9 de mayo de 2017

La flora silvestre de Bogotá

La trompetilla o achicoria (Hypochaeris radicata)
A lo largo de los últimos cuatro siglos, es impresionante lo mucho que ha cambiado la vegetación de la altiplanicie donde se encuentra situada Bogotá. Bosques inundables con alisos, tíbares, tunos, amargosos, helechos y juncos, fueron reemplazados poco a poco por campos de cultivo, por potreros, por construcciones aisladas, por barrios incipientes y finalmente por una densa red de edificaciones, cemento, ladrillo y pavimento. Ahora casi toda la flora que se encuentra en la ciudad no es originaria de la misma Sabana y no crece sola: casi todos los árboles, arbustos y flores que vemos en avenidas, parques y jardines, son plantas cultivadas por nosotros, los seres humanos.

Teniendo en cuenta estos cambios enormes, no deja de ser sorprendente que aún hoy, la ciudad alberga algunos cientos de especies de plantas que nacen y crecen espontáneamente. Muchas son nativas que desde hace milenios han crecido en los Andes colombianos. Otras son recién llegadas, exóticas que han sido introducidas, en forma intencional o accidental, procedentes de otros países y continentes.

Erigeron karvinskianus
Casi todas estas plantas silvestres son pequeñas hierbas que crecen en los prados y entre las grietas del suelo. Pero también hay algunos árboles, arbustos y trepadoras que se propagan por si solos en rincones de los jardines, en muros, alcantarillas y bordes de andenes.

Las plantas silvestres suelen ser ignoradas o, cuando se les presta atención, consideradas un estorbo en la ciudad. Se le da preferencia a las especies cultivadas, a aquellas que hemos decidido cómo, dónde y cuándo plantar. La flora silvestre escapa, al menos en parte, a estas decisiones. Puede surgir en cualquier momento, en forma veloz o, más a menudo, muy sutil, especialmente en los rincones de la ciudad donde las actividades de mantenimiento de la infraestructura y de las áreas verdes no llegan en forma regular.

La diminuta Cotula australis
Si observamos con más detalle esta pequeña legión de plantas silvestres, nos daremos cuenta que tienen una gran importancia. Mariposas, abejas y moscas de las flores visitan asiduamente las flores de algunas especies. Las orugas de varias mariposas se alimentan con las hojas de ciertas hierbas de las grietas y prados. Margaritas, carretones y dientes de león pintan de colores los prados urbanos. Las plantas silvestres suelen mostrar una notable resistencia y muchas de ellas pueden ser especies ideales para fomentar su crecimiento en jardines de flores nativas y techos verdes pensados para la biodiversidad.

Pensando en todo esto, hemos creado un proyecto en iNaturalist para que todos ustedes puedan conocer más sobre la flora silvestre de Bogotá y puedan aportar sus observaciones. Así lograremos conocer más este importante grupo de plantas. Pueden verlo aquí: http://www.inaturalist.org/projects/flora-silvestre-de-bogota