martes, 20 de septiembre de 2022

La importancia de las reservas pequeñas - La reserva natural La Esperanza

Conocer la reserva

Bosque de la Reserva natural La Esperanza

Cada vez más propietarios de fincas deciden dedicar, en forma intencional, parte de sus terrenos para la conservación de la biodiversidad. Miles de estas pequeñas reservas naturales (a menudo con áreas que van desde 1 hectárea hasta 100 hectáreas) se encuentran ahora espolvoreadas a lo largo y ancho de Colombia, protegiendo cientos de miles de hectáreas de ecosistemas antiguos y ecosistemas en regeneración.

Una de las preguntas claves de una reserva natural es qué especies de organismos alberga. Qué especies endémicas y amenazadas hay en el lugar. Qué especies de fauna y flora se están ayudando a conservar.

Hace 10 años fui contratado por la recién establecida Reserva Natural La Esperanza, en Jardín, Antioquia, para empezar una caracterización. Y en los últimos 2 años he seguido realizando esta caracterización con más detalle, con varias visitas adicionales.

Gracias a estos trabajos detallados, hoy sabemos que en las 30 hectáreas de la Reserva Natural La Esperanza se encuentran importantes restos de bosques maduros, con sus valiosísimos árboles centenarios, con viejas lianas, con orquídeas, quiches y otras epífitas, con palmas de montaña, con troncos muertos tan apreciados por carpinteros, loros, tucanes y escarabajos de bosque. También se encuentran bosques más jóvenes y una gran cantidad de espacio (antiguos cultivos de café y banano) donde se está ahora restaurando uno de los bosques más biodiversos y amenazados de la zona, el que crece en la franja de clima cafetero, entre 1900 y 2000 m de elevación.


Las cifras de especies

Orquídea Sobralia en el bosque maduro

Gracias a estos trabajos detallados, hoy sabemos que en La Esperanza se encuentran alrededor de 600 especies de plantas vasculares (de las cuales más de 500 nativas). Sabemos que en la reserva se encuentran más de 100 especies de mariposas diurnas y varios cientos de especies de polillas nocturnas. Sabemos que en La Esperanza se encuentran al menos 4 especies de anfibios, 7 especies de reptiles, alrededor de 200 especies de aves y 18 especies de mamíferos de talla pequeña a mediana (sin contar ratones ni murciélagos).

Gran parte de estos registros (más de 5000 observaciones correspondientes a más de 1100 especies de organismos) han sido subidos a la plataforma Naturalista, donde quedan compartidos y fáciles de visualizar con sus respectivas fotografías: https://colombia.inaturalist.org/projects/biodiversidad-de-la-reserva-natural-la-esperanza


Descubrimientos y endemismos

Arrayán hoja de guamo (Myrcia antioquensis)

Uno de los descubrimientos claves del inventario detallado ha sido detectar qué especies endémicas, valiosas para la conservación, se encuentran en la reserva. Así, se han identificado 21 especies de plantas endémicas creciendo en el lugar. Incluyendo una de grandísima importancia, el arrayán hoja de guamo (Myrcia antioquensis), especie descrita por primera vez en el año 2013, con base en material recolectado en inmediaciones de la reserva. Esta especie, conocida hasta el presente sólo en 2 municipios de Antioquia, se encuentra representada en La Esperanza por menos de 10 ejemplares adultos. Afortunadamente, se deja sembrar fácil por semillas y su regeneración en el bosque es abundante, lo que da esperanzas para su propagación y conservación. Algo muy importante, pues en La Esperanza los frutos de este arrayán son parte de la dieta de dos especies de mamíferos amenazados: el mono nocturno (Aotus lemurinus, VU) y el olinguito (Bassaricyon neblina, NT).


Tamaño y conectividad

Olinguito (Bassaricyon neblina) en La Esperanza

Reservas de pequeño tamaño sólo pueden mantener poblaciones viables de la fauna mayor (aves de gran tamaño, mamíferos medianos a grandes) si logran mantenerse conectadas a bosques de hasta decenas de miles o cientos de miles de hectáreas. Por esta razón es que es tan importante lograr conservar ecosistemas de gran extensión.

Por otro lado, es muy grande la importancia de reservas de pequeño tamaño para conservar, por sí mismas o en asociación con otros bosques conectados, una serie de especies, como árboles de bosque maduro, orquídeas y palmas nativas, arbustos de sotobosque, insectos y otros invertebrados, anfibios, reptiles, aves comunes y mamíferos pequeños. A menudo, estas reservas de pequeño tamaño o “islas de biodiversidad” son las únicas opciones viables para la conservación de un gran porcentaje de la biodiversidad no incluida en áreas de conservación mayores, como los Parques Nacionales.


Conteos en La Esperanza

Orquídea Prosthechea mejia

De aquí viene la pregunta: ¿qué poblaciones de distintas especies pueden encontrar su hogar en una reserva pequeña? Con el fin de responder esta pregunta, al menos en forma aproximada, en La Esperanza se estimaron las poblaciones de las especies de flora presentes. Una forma práctica de estimar las poblaciones de distintas especies (que sería prácticamente imposible conocer en detalle) es realizar conteos aproximados en los distintos sitios de la reserva y, luego de hacer las sumas y estimados para toda el área, asignar las especies a las siguientes categorías: rara = especie representada por 0-9 ejemplares adultos; común = especie representada por 10-99 ejemplares adultos; abundante = especie representada por 100-999 (o más) ejemplares adultos.

Usando estos intervalos, se encontró que entre las especies nativas presentes en la reserva 70 son abundantes (incluye especies clonales, que se extienden mucho por rizomas, donde es difícil determinar el número de individuos), 120 especies son comunes y 286 especies son raras.

Entre las especies de bosque abundantes representadas en la reserva se cuentan algunos helechos, anturios, dos especies de quiches o bromeliáceas, tres especies de orquídeas, tres especies de cordoncillos (Piper) y un arbolito clave para la regeneración de los bosques jóvenes: el nigüito (Miconia theizans).

Entre las especies de bosque comunes registradas en la reserva se cuentan otros helechos, como el sarro o helecho arborescente (Cyathea), anturios, filodendros y otras aráceas, tres especies de palmas nativas, otras tres especies de bromeliáceas, doce especies de orquídeas, hierbas gigantes como el platanillo (Heliconia griggsiana); arbustos y arbolitos de sotobosque como especies de Besleria spp., Picramnia gracilis y aguadulces o cafetos de monte (Palicourea angustifolia, Palicourea longirostris); árboles de bosque maduro como el barcino (Calophyllum aff. brasiliense), granizo (Hedyosmum racemosum), chiriguaco (Clethra fagifolia) y laurel (Nectandra acutifolia); y árboles de rápido crecimiento tan importantes para la fauna como el drago (Croton mutisianus), carate (Visma baccifera), punta de lanza (Miconia caudata) y yarumo (Cecropia angustifolia).

Estos dos grupos (abundantes y comunes), especialmente el primero, son aquellos que pueden mantener poblaciones especialmente grandes e importantes para la conservación, incluso en reservas de pequeño tamaño.

Dentro del grupo de especies comunes destaca la presencia de endémicas como la arácea Philodendron elegans, el bejuco Dendrophorbium barkleyanum, la melastomatácea Miconia coronata y la orquídea Prosthechea mejia, resaltando la importancia que una reserva pequeña puede tener para conservar al menos algunas decenas de ejemplares de estas especies claves.


Las especies raras

Gallinazo morado (Magnolia yarumalensis)

Sigue llamando la atención cómo (como siempre es la norma en los ecosistemas naturales) un porcentaje pequeño de especies son las que abundan, mientras que la mayoría de especies son escasas. En La Esperanza el 60% de las especies de plantas presentes están representadas por menos de 10 individuos. Dentro de esta categoría de especies raras caen la mayoría de especies endémicas, la mayoría de orquídeas, la mayoría de árboles de bosque maduro.

En La Esperanza contar especies raras nos ha ayudado a detectar especies particularmente importantes, de las que quedan muy pocos ejemplares en pie (como el arrayán hoja de guamo mencionado arriba). Eso nos ha permitido incluir estas especies en la lista de prioritarias para propagar en el vivero de la reserva. ¡Y se han propagado! Con este criterio, y siempre con el juicioso trabajo de Andrés Uribe, se han logrado plantar nuevos ejemplares de especies como el guanábano de monte (Annona cherimolioides), Brunellia sp., chocho azul (Abarema lehmannii), laureles (Beilschmiedia pendula, Ocotea macrophylla, Ocotea valerioana), palo santo o ceiba de clima frío (Spirotheca rosea), cedro (Cedrela montana), higuerón (Ficus tonduzii) y arrayanes (Myrcia spp.) ¡Pronto crecerán aquí muchos más ejemplares de todas estas especies!

Teniendo en cuenta lo mencionado, ¿creen ustedes que las reservas pequeñas, guardadas las proporciones, pueden tener un papel en la conservación de la biodiversidad?

¿Creen ustedes que contar especies y detectar cuales son numerosas y cuales son raras puede tener una influencia en la conservación?


Arrayán hoja de guamo (Myrcia antioquensis) en el vivero de La Esperanza



Restaurando un bosque de la planicie sabanera - Parte 4 - Las asociaciones con la fauna

Arañero (Myiothlypis nigrocristata) - Ave asociada a densa vegetación - F. Veronesi - 2011
A mediados del siglo XX, uno de los últimos fragmentos de bosque nativo de la planicie inundable de la Sabana de Bogotá fue estudiado en el municipio de Funza por los grandes naturalistas Jorge Hernández Camacho y Thomas van der Hammen; lográndose obtener algunos datos sobre su composición de especies… justo a tiempo, pues años después, este bosque ya había sido destruido.

Ahora, casi 60 años después de la publicación de estos primeros estudios sobre los ecosistemas sabaneros, estoy asesorando la restauración de un nuevo bosque nativo de la planicie en la finca Organizmo, en el municipio de Tenjo (Cundinamarca, Colombia). Un bosque que tendrá elementos de los ecosistemas de bosques nativos y humedales que hubo (y todavía hay), en fragmentos mínimos, por la región. También será un “nuevo” bosque, ya que las condiciones del clima, suelos y uso de la tierra han cambiado mucho a lo largo de los últimos siglos de intensa actividad humana.

Este bosque será una isla de biodiversidad, un hogar para poblaciones de plantas nativas, para insectos polinizadores, para ranas y reptiles endémicos, para aves comunes, para pequeños mamíferos (chuchas, comadrejas, curíes, etc.), sumergido en medio de una matriz de cultivos, potreros y áreas en rápida urbanización.

Aquí pueden enterarse, en una serie de 4 textos, sobre cómo se está adelantando este proceso.


Lo que se fue

Colchones de musgos - Indicativos de sitios conservados
Uno de los logros más satisfactorios de la restauración ecológica es participar en la reconstrucción de al menos parte de la compleja trama de relaciones entre distintos organismos. En el terreno donde ahora estoy trabajando, en la finca Organizmo, esta trama ha sido sumamente alterada y reducida por las acciones de las décadas y siglos pasados. Los antiguos bosques fueron talados, los antiguos humedales fueron desecados. Gran número de especies de plantas y animales nativos se extinguieron localmente. La agricultura intensiva y la introducción de decenas de especies exóticas contribuyeron a profundizar estas pérdidas. Sin duda, las comunidades de microorganismos del suelo han sido fuertemente modificadas respecto a las de los ecosistemas antiguos. Se han perdido elementos propios de ambientes conservados, como son las aguas limpias, los colchones de musgo, los grandes grupos de líquenes, la hojarasca, los sotobosques densos, los árboles centenarios, los troncos muertos en pie y los troncos caídos.


Lo que puede volver

Con el tiempo, mucho de esto se puede recuperar. También se pueden volver a plantar especies de plantas que han desaparecido del lugar, se puede traer algo de musgo y de hojarasca para traer con ellos microorganismos claves. Se pueden dejar sin podar pastizales y permitir la acumulación gradual de materia orgánica, el desarrollo de sombra y, así, con los años el establecimiento de un matorral y luego de un joven bosque. A los árboles de este nuevo bosque se les puede plantar, en el momento adecuado, epífitas como orquídeas y bromeliáceas. Con esto volverán a estar disponibles nichos que, se espera, puedan ser ocupados de nuevo por especies clave de animales. 


Asociaciones para recuperar

Injerto (Dendrophthora clavata)
Las asociaciones en la naturaleza son infinitas. Cada organismo está irreversiblemente entrelazado con muchísimos otros, y todos dependen de los demás para poder existir. Por esta razón, no se puede hablar de restaurar un bosque añadiendo sólo algunos pocos ingredientes conocidos. Más bien, hay que lograr espacios donde se permita que los procesos naturales de crecimiento espontáneo, de acumulación de materia orgánica, etc., puedan ocurrir sin interrupciones. Y claro, podemos ayudar un poco, con lo que conocemos, reintroduciendo algunas especies de plantas claves, para las que conocemos algunas de las asociaciones que forman. Dejando siempre que su plantación y desarrollo puedan ocurrir en armonía con los procesos espontáneos mencionados.

Algunos ejemplos de asociaciones que se pueden favorecer y que son las que se están recuperando en la finca Organizmo son:


Chucua, garrocho (Viburnum tinoides) – Este árbol pequeño es uno de los pocos hospederos de una planta parásita, el injerto o matapalo (Dendrophthora clavata) – la cual es, a su vez, una especie fundamental como planta nutricia de las orugas de mariposas Catasticta y Leodonta. Las hojas de este garrocho son el alimento que consumen las orugas de la mariposa Adelpha corcyra. Las flores son visitadas por muchos insectos (abejas, moscas, mariposas) que toman su néctar. Los frutos son consumidos por aves, incluyendo pavas de monte y carpinteros.

Camargo, cocua (Verbesina sp.) – Las hojas de este árbol suelen estar llenas de agujeros, indicativo de cuan atractivas son como alimento para un gran número de insectos (cigarritas, orugas). Estos insectos, a su vez, atraen aves que los consumen. Las flores de esta especie, en los meses en que las produce (julio-septiembre) son favoritas de las abejas y de algunos abejorros y colibríes.

Chilco (Baccharis latifolia) – Las hojas de esta planta son consumidas por decenas de especies de insectos, entre ellos orugas de lepidópteros y larvas de moscas diminutas. Las flores son sumamente visitadas por polinizadores como abejas, moscas y mariposas.

Bejuco blanco (Oligactis sessiliflora) – Sus hojas son uno de los alimentos consumidos por la mariposa Altinote trinacria. Además, son consumidas por orugas de polillas Geometridae. Las flores son visitadas por abejas.

Munnozia senecionidis – Esta es una de las plantas hospederas de la mariposa Altinote trinacria. Sus flores son visitadas por insectos polinizadores como las abejas.

Aliso (Alnus acuminata) – Las raíces de este árbol están asociadas con bacterias fijadoras de nitrógeno, por lo que mejoran el suelo sobre el que crecen. En el follaje de aliso viven multitudes de pequeños insectos (pulgones, chinches, orugas, etc.) los cuales a su vez constituyen un alimento muy apreciado por las aves. Las semillas son consumidas por aves granívoras.

Quiches (Tillandsia) reintroducidos
Quiches (Tillandsia clavigera, Tillandsia denudata, Tillandsia pastensis) – Los minicharcos que se acumulan en el centro de las rosetas de hojas de estas plantas forman un ecosistema acuático lleno de especies de invertebrados y ranas. A su vez, estos pequeños animales forman parte de la dieta de pájaros carpinteros (Colaptes rivolii) y otras aves especializadas que los buscan entre las hojas de los quiches. El agua de las bromeliáceas es una fuente clave de líquido para aves que quieren bañarse y beber. Las flores de todas estas bromeliáceas son visitadas por colibríes de pico corto, como Metallura tyrianthina, que toman su néctar.

Raque (Vallea stipularis) – Este hermoso árbol de flores rosadas es uno de los pocos hospederos de una planta parásita, el injerto o matapalo (Dendrophthora clavata) – la cual es, a su vez, una especie fundamental como planta nutricia de las orugas de mariposas Catasticta y Leodonta. Por otro lado, las flores del raque, en los meses en que florece (abril-junio) son favoritas de abejorros, abejas y colibríes.

Cedro (Cedrela montana) – Uno de los mayores y más longevos árboles de los antiguos bosques nativos. Esto favorece que, sobre las ramas de los ejemplares más viejos, se desarrollen auténticos jardines de plantas epífitas, que incluyen valiosas orquídeas, bromeliáceas y helechos. Las flores son visitadas por abejorros y colibríes de pico corto.

Clarinero (Anisognathus igniventris)
Tuno esmeraldo (Miconia squamulosa) – Sus frutos se cuentan entre los favoritos de varias aves frugívoras, incluyendo al clarinero (Anisognathus igniventris).

Laurel de cera (Morella parvifolia) – Las raíces de esta planta forman asociaciones con bacterias fijadoras de nitrógeno, por lo que contribuyen a mejorar los suelos. Los frutos son uno de los alimentos favoritos de la paloma collareja (Patagioenas fasciata).

Granadilla silvestre (Passiflora bogotensis) – Las plantas del género Passiflora son claves como alimento para las orugas de la mariposa espejito (Dione glycera). Además, sus flores atraen abejas, abejorros y colibríes, que toman su néctar.

Chusque (Chusquea scandens) – La planta que más asociaciones tiene con mariposas en los bosques de montaña. Cerca de 1/3 de las mariposas diurnas que habitan en un ecosistema conservado de la región ponen sus huevos sólo en chuscales y sus orugas sólo se alimentan de esta planta. También hay otros lepidópteros que se alimentan con las hojas secas de chusque. La abundancia de insectos hace que sobre esta planta prosperen moscas taquínidas, parásitas de las orugas; las moscas adultas son claves como polinizadoras de muchos arbustos y árboles del bosque altoandino. Escarabajos cornudos (Golofa porteri) se alimentan con los brotes jóvenes de chusque. Varias aves tienen en los chuscales su hogar preferencial o exclusivo, incluyendo chamiceros, tororois, tapaculos, gorriones monteses y arañeros. Las matas de chusque son un sitio favorito de algunos colibríes para construir su nido. En los chuscales se alojan roedores especialmente adaptados (rata de los chusques) y, antiguamente, los tallos tiernos de este bambú eran consumidos por animales como la danta y el oso andino.

Zarza o mora silvestre (Rubus robustus) – Los densos y espinosos matorrales formados por esta especie constituyen un refugio seguro donde mamíferos como chuchas, comadrejas y curíes pueden ocultarse de los perros, sus mayores depredadores en sitios poblados por los humanos. Las densas marañas que forma esta planta constituyen, en un área en su mayor parte deforestada, el primer refugio disponible para aves de sotobosque como el chamicero (Synallaxis subpudica) y el arañero (Myiothlypis nigrocristata). Colibríes como Colibri coruscans y Lesbia victoriae construyen sus nidos entre la seguridad que les ofrecen las espinas de esta zarza. La lagartija o “camaleón” de clima frío (Anolis heterodermus) también aprecia mucho los matorrales de zarza.

Tinta (Monnina sp.) – Las flores de este arbusto son unas de las favoritas de la abeja cortahojas (Megachile amparo).

Espino garbanzo (Duranta mutisii) – Sus flores se cuentan entre las favoritas del colibrí de cola larga (Lesbia nuna). También son visitadas por mariposas y por abejas nativas como Thygater aethiops. Los frutos son apreciados por la paloma collareja (Patagioenas fasciata).


Abeja cortahojas (Megachile amparo)



jueves, 11 de agosto de 2022

Restaurando un bosque de la planicie sabanera - Parte 3 - El vivero propio

Chinchimaní (Cuphea dipetala) - Especie endémica, cultivada en Organizmo
A mediados del siglo XX, uno de los últimos fragmentos de bosque nativo de la planicie inundable de la Sabana de Bogotá fue estudiado en el municipio de Funza por los grandes naturalistas Jorge Hernández Camacho y Thomas van der Hammen; lográndose obtener algunos datos sobre su composición de especies… justo a tiempo, pues años después, este bosque ya había sido destruido.

Ahora, casi 60 años después de la publicación de estos primeros estudios sobre los ecosistemas sabaneros, estoy asesorando la restauración de un nuevo bosque nativo de la planicie en la finca Organizmo, en el municipio de Tenjo (Cundinamarca, Colombia). Un bosque que tendrá elementos de los ecosistemas de bosques nativos y humedales que hubo (y todavía hay), en fragmentos mínimos, por la región. También será un “nuevo” bosque, ya que las condiciones del clima, suelos y uso de la tierra han cambiado mucho a lo largo de los últimos siglos de intensa actividad humana.

Este bosque será una isla de biodiversidad, un hogar para poblaciones de plantas nativas, para insectos polinizadores, para ranas y reptiles endémicos, para aves comunes, para pequeños mamíferos (chuchas, comadrejas, curíes, etc.), sumergido en medio de una matriz de cultivos, potreros y áreas en rápida urbanización.

Aquí pueden enterarse, en una serie de 4 textos, sobre cómo se está adelantando este proceso.

¿Por qué viveros?

Tinta (Monnina sp.) - Especie que se regenera por sí sola en la finca
Para la mayoría de nosotros, los viveros son quizás la opción más obvia para adquirir plantas que podemos usar para restaurar un bosque. Pero recurrir a los viveros también tiene varios inconvenientes que no solemos tener en cuenta. Uno de ellos es que, desde el punto de vista de la conservación de la biodiversidad, suele ser más valioso permitir que se regeneren especies nativas, espontáneas, en un terreno, que traer plantas de afuera (así estas plantas de vivero sean “nativas”).

Si se planta una alta densidad de plantas de vivero en un terreno, se estarán ocupando los espacios que podrían más bien ser ocupados por plántulas de regeneración espontánea, esas sí representantes de especies y linajes que pueden remontarse a miles de años de crecimiento en ese lugar. Linajes que son distintos de municipio en municipio, de valle en valle, de cordillera en cordillera.

Otro inconveniente de los viveros (y de las personas que hacemos restauración) es que estamos excesivamente enfocados en producir árboles. Siendo que, en un bosque altoandino, los árboles apenas representan un porcentaje modesto, quizás un 20%, de la riqueza de especies de plantas vasculares; el resto, la mayoría, son trepadoras, palmas, arbustos, hierbas, epífitas. ¿Cómo podemos pretender hacer un bosque de verdad, plantando sólo árboles? A pesar de esto, la realidad es que los viveros comerciales prácticamente no propagan hierbas nativas, ni bromeliáceas locales, ni arbustos de sotobosque, ni trepadoras de bosque altoandino (y, de hecho, tampoco propagan la mayoría de especies de árboles de bosque maduro).

Las especies de vivero comercial

Cedro (Cedrela montana) - Plantado para restauración ecológica 
A pesar de las limitaciones mencionadas arriba, en los últimos 30 años, los viveros comerciales han ido mejorando y poco a poco incluyen en su “menú” más especies procedentes de las cordilleras colombianas. Y aun así, para poner el caso de la Sabana de Bogotá, pocas de las especies “nativas” que se consiguen en un vivero comercial son realmente nativas de esta región. De hecho, toda una serie de especies “nativas” realmente lo son de otras partes de las cordilleras, sobre todo de las laderas occidentales, exteriores a la Sabana, donde hacen parte de los bosques subandinos y bosques de niebla. Estas especies son, por ejemplo, el pino romerón (Retrophyllum rospiglosii), chicalá (Tecoma stans), sangregado (Croton mutisianus), roble (Quercus humboldtii), nogal (Juglans neotropica), guayacán de Manizales (Lafoensia acuminata), caucho sabanero (Ficus americana), caucho Tequendama (Ficus tequendamae), yarumo blanco (Cecropia telenitida) y cajeto (Citharexylum subflavescens).

Poco más de 20 especies de árboles y arbustos que se plantan regularmente en los viveros comerciales de la región son realmente nativas de la Sabana de Bogotá y de los cerros que la circundan y miran hacia ella. Las más frecuentemente propagadas de este combo de verdaderas nativas son el aliso (Alnus acuminata), arrayán (Myrcianthes leucoxyla), cedro (Cedrela montana), chilco (Baccharis latifolia), ciro (Baccharis macrantha), corono (Xylosma spiculifera), cucharos (Myrsine coriacea, Myrsine cf. pellucida), espino garbanzo (Duranta mutisii), hayuelo (Dodonaea viscosa), juco o garrocho (Viburnum tinoides), gurrubo (Lycianthes lycioides), laurel de cera de hoja pequeña (Morella parvifolia), laurel de cera de hoja grande (Morella pubescens), mano de oso (Oreopanax incisus) y tíbar (Escallonia discolor).

Diversidad local vs viveros

Ageratina apollinairei - Especie endémica propagada por esquejes
Para poner esta información en contexto, y para no ilusionarnos con las 20 especies nativas que podemos comprar, hay que decir que un terreno de entre 5 a 10 hectáreas de la región, que tenga una mezcla de áreas con predominio de vegetación herbácea (potreros, áreas de cultivo y/o humedales) y áreas más conservadas con vegetación leñosa desarrollada, nativa (matorrales, bosques), puede tener alrededor de 200 especies de plantas vasculares nativas creciendo en él. Si vamos a restaurar la vegetación nativa de un área muy degradada, ¿cómo podemos hacer una restauración adecuada plantando menos de 20 especies, compradas en un vivero? Y, además de ello, ¿cómo podemos hacer una restauración adecuada plantando sólo árboles y unas pocas especies de arbustos?

En muchas fincas de las montañas alrededor de la Sabana, la solución a esta escasez que ofrecen los viveros comerciales puede ser favorecer la regeneración natural siempre que sea posible. En las partes planas de la Sabana, sin embargo, esto ya no es una opción, debido a que siglos de sobreexplotación han acabado casi por completo con los antiguos ecosistemas del lugar. Muchas especies nativas, presentes en siglos pasados, ya han desaparecido. Otras existen en números tan pequeños, a menudo tan lejos del sitio que va a ser restaurado, que no es viable pensar que sus semillas van a terminar llegando por sí solas.

El vivero de restauración

Jarilla (Stevia lucida) - Especie propagada por esquejes
El escenario descrito arriba es el que se encuentra en la finca Organizmo, donde casi toda su área fue cultivada en forma intensiva en las décadas anteriores y la vegetación nativa quedó reducida a mínimos restos. Aun así, como mencionó en la entrega 2 de esta serie, durante los inventarios que se realizaron en el primer semestre de 2022, se encontró que, a pesar de todas las intervenciones pasadas, en la finca todavía se encuentran 90 especies nativas de la Sabana de Bogotá, que crecen silvestres aquí. 90 sobrevivientes, alrededor de las cuales se pueden ahora iniciar las labores de restauración ecológica.

Haciendo el inventario, también se hizo el listado de especies para reintroducir y alcanzar de nuevo una cifra de al menos 200 especies de plantas nativas creciendo en el terreno. Y ya que, como se mencionó arriba, los viveros comerciales no son una opción para conseguir toda esta flora, se ha recurrido entonces a establecer un vivero de restauración. Un vivero no comercial, de pequeña escala, donde se propagan, para el proyecto de restauración de la finca, entre 1000 a 2000 ejemplares de las más de 100 especies que se requieren.

Esta opción de usar viveros provisionales, de pequeña escala, para los proyectos de restauración ecológica, tiene muchas ventajas. Una de ellas es que cada proyecto de restauración tiene su propio vivero, surtido con esquejes, plántulas y semillas propios de la localidad donde se encuentra, representantes de líneas genéticas locales. La otra gran ventaja es que permite propagar, a una escala adecuada para una finca, decenas de especies que ningún vivero comercial produce, incluyendo formas de vida como las trepadoras, arbustos y hierbas nativas, que suelen ser casi completamente ignoradas en muchos proyectos de restauración.

Los resultados

Camargo (Verbesina sp.) - Reintroducido a Organizmo
En los primeros 8 meses de este año 2022, ya hemos cultivado en el vivero de la finca Organizmo 85 especies de plantas nativas de la Sabana de Bogotá. Y de estas, ya hemos plantado 52 especies en el terreno. Además, hemos conseguido otras 10 especies adicionales que hemos reintroducido directamente en el terreno, sin pasar por el vivero. Y hemos plantado en el terreno otras 6 especies más, compradas en viveros comerciales. Para un total de 68 especies nativas plantadas en el terreno este año. 

Con esta plantación, se ha logrado aumentar las poblaciones de especies que estaban muy reducidas, a veces con un único ejemplar sobreviviente en la finca. También se han logrado reintroducir especies que ya estaban extintas en la finca. Tenemos ya 126 especies nativas creciendo en el terreno. Y vamos para arriba. Otras 27 especies adicionales esperan en el vivero hasta que tengan la estatura adecuada para plantarlas en sus sitios definitivos. El plan es, entre lo que queda de este año y el próximo, conseguir al menos otras 50 especies más para reintroducir y alcanzar así la meta auto-impuesta de 200 especies de plantas nativas creciendo en Organizmo. ¡Una meta que se ve sorprendentemente cerca!

domingo, 3 de julio de 2022

Restaurando un bosque de la planicie sabanera – Parte 2 – El inventario inicial

Parche de matorral nativo en Organizmo 
A mediados del siglo XX, uno de los últimos fragmentos de bosque nativo de la planicie inundable de la Sabana de Bogotá fue estudiado en el municipio de Funza por los grandes naturalistas Jorge Hernández Camacho y Thomas van der Hammen; lográndose obtener algunos datos sobre su composición de especies… justo a tiempo, pues años después, este bosque ya había sido destruido.

Ahora, casi 60 años después de la publicación de estos primeros estudios sobre los ecosistemas sabaneros, estoy asesorando la restauración de un nuevo bosque nativo de la planicie en la finca Organizmo, en el municipio de Tenjo (Cundinamarca, Colombia). Un bosque que tendrá elementos de los ecosistemas de bosques nativos y humedales que hubo (y todavía hay), en fragmentos mínimos, por la región. También será un “nuevo” bosque, ya que las condiciones del clima, suelos y uso de la tierra han cambiado mucho a lo largo de los últimos siglos de intensa actividad humana.

Este bosque será una isla de biodiversidad, un hogar para poblaciones de plantas nativas, para insectos polinizadores, para ranas y reptiles endémicos, para aves comunes, para pequeños mamíferos (chuchas, comadrejas, curíes, etc.), sumergido en medio de una matriz de cultivos, potreros y áreas en rápida urbanización.

Aquí pueden enterarse, en una serie de 4 textos, sobre cómo se está adelantando este proceso.


El primer paso

Ciro y acacias... nativas creciendo entre las exóticas
Como primera tarea para un trabajo de restauración, hay que saber qué ecosistemas y especies están presentes en el lugar. No hay que pensar que una finca donde dominan los potreros y árboles exóticos es una “hoja en blanco”, donde nuestra tarea es llenarla de plantas compradas en vivero comercial. Más bien, hay que descubrir si quedan parches, así sea pequeños, de vegetación nativa. Si conocemos las plántulas del bosque, mejor aún, para que nos demos cuenta si algunas especies locales están presentes y germinando por sí solas en los terrenos.

Ese trabajo se realizó con detalle en la finca Organizmo en enero de 2022. Así se descubrió que en la finca, dominada ahora por potreros, jardines, árboles exóticos (acacias, eucaliptos, urapanes), grandes zarzales y algunas áreas plantadas en los últimos años con arbolitos nativos, persisten dos parches, muy reducidos, de vegetación de matorral nativo, uno en un lindero, el otro en un rincón del predio, hacia el río. Además de esto, se encontró que la finca alberga cerca de 300 especies de plantas vasculares, de las cuales 90 especies son nativas del municipio. Se encontró que la finca aún alberga unas pocas especies de flora endémica, como los amargosos (Ageratina appollinairei, Ageratina asclepiadea), ambos, lamentablemente, reducidos en la finca a apenas un individuo sobreviviente de cada especie. Ahora ambas son especies candidatas ideales para emprender labores para restaurar sus poblaciones.


Más cifras

Rana sabanera (Dendropsophus molitor)
En el inventario de enero se registraron en Organizmo 1 especie de caracol, 4 de libélulas y caballitos del diablo, 2 especies de saltamontes, 5 especies de abejas y abejorros y 12 especies de mariposas diurnas. Entre los vertebrados, se cuentan 1 especie de anfibio, la rana sabanera (Dendropsophus molitor). Y 2 especies de reptiles, la inofensiva serpiente tierrera (Atractus crasicaudatus) y el “camaleón” (Anolis heterodermus).

Se han registrado hasta el momento alrededor de 50 especies de aves en Organizmo. Aunque la mayoría son aves propias de terrenos abiertos, destaca la presencia de especies asociadas con vegetación espesa, de bosques y matorrales nativos, actualmente más restringidas a los cerros y raras en la planicie de la Sabana: la paloma collareja (Patagioenas fasciata), chamicero (Synallaxis subpudica), clarinero (Anisognathus igniventris) y arañero (Myiothlypis nigrocristata). La presencia de estas especies habla de la cercanía de los cerros llenos de monte nativo y de cómo en Organizmo se ha permitido la regeneración de extensos matorrales (incluyendo matorrales de moras o zarzas), que ahora ofrecen un hábitat adecuado para algunas de estas aves.

Los mamíferos silvestres presentes en la actualidad incluyen la chucha o fara (Didelphis pernigra), comadreja (Mustela frenata) y el curí silvestre (Cavia aperea).


Las especialidades

Caballito del diablo (Ischnura chingaza), especie endémica
Los resultados del inventario muestran que el terreno tiene aún una modesta, pero muy importante, muestra de los ecosistemas y especies nativas propias de la planicie de la Sabana de Bogotá. Esta muestra incluye restos de matorrales nativos, aves y mamíferos propios de vegetación densa y un número importante de especies endémicas, es decir, que sólo se encuentran en Colombia y en ningún otro país del mundo y que son, por tanto, prioritarias para conocer y conservar. Entre las especies endémicas registradas en Organizmo se cuentan: entre la flora, los amargosos (Ageratina apollinairei, Ageratina asclepiadea), mortiño (Hesperomeles goudotiana) y cansabrazos (Galianthe bogotensis); entre la fauna, el caballito del diablo (Ischnura chingaza), el saltamontes bogotano (Bogotacris), la polilla ojos de búho (Leucanella nyctimene), el cucarrón o escarabajo “mayo” (Paulosawaya ursina), la abeja cortahojas (Megachile amparo), la rana sabanera (Dendropsosphus molitor), la culebra tierrera (Atractus crassicaudatus) y el chamicero (Synallaxis subpudica).

Con esto ya sabemos qué especies hay y también podemos detectar cuáles faltan. Podemos decir, con buen fundamento, qué especies se pueden volver a plantar, qué especies claves podemos traer para seguir aumentando las poblaciones de flora y fauna y volver a crear, en medio de la planicie de la Sabana, un nuevo bosque lleno de biodiversidad local.


jueves, 16 de junio de 2022

Restaurando un bosque de la planicie sabanera - Parte 1 - Los principios

Bosque joven de alisos en Organizmo
A mediados del siglo XX, uno de los últimos fragmentos de bosque nativo de la planicie inundable de la Sabana de Bogotá fue estudiado en el municipio de Funza por los grandes naturalistas Jorge Hernández Camacho y Thomas van der Hammen; lográndose obtener algunos datos sobre su composición de especies… justo a tiempo, pues años después, este bosque ya había sido destruido.

Ahora, casi 60 años después de la publicación de estos primeros estudios sobre los ecosistemas sabaneros, estoy asesorando la restauración de un nuevo bosque nativo de la planicie en la finca Organizmo, en el municipio de Tenjo (Cundinamarca, Colombia). Un bosque que tendrá elementos de los ecosistemas de bosques nativos y humedales que hubo (y todavía hay), en fragmentos mínimos, por la región. También será un “nuevo” bosque, ya que las condiciones del clima, suelos y uso de la tierra han cambiado mucho a lo largo de los últimos siglos de intensa actividad humana.

Este bosque será una isla de biodiversidad, un hogar para poblaciones de plantas nativas, para insectos polinizadores, para ranas y reptiles endémicos, para aves comunes, para pequeños mamíferos (chuchas, comadrejas, curíes, etc.), sumergido en medio de una matriz de cultivos, potreros y áreas en rápida urbanización. Aquí pueden enterarse, en una serie de 4 textos, sobre cómo se está adelantando este proceso.

Un nuevo bosque

Por su contexto, situado en una región altamente transformada, de cultivos, potreros y jardines (y no en un parque nacional con amplios ecosistemas relativamente intactos), la idea es aceptar las especies cultivadas, ornamentales e introducidas, que ya crecen en el terreno… en lugar de combatir contra las “especies invasoras”. Pero darle de ahora en adelante completa prioridad al cultivo y reintroducción de decenas de especies que sí son nativas del municipio de Tenjo. Para que estas especies nativas se vuelvan co-dominantes y puedan entretejerse con las introducidas, en igualdad de condiciones.

Estos nuevos ecosistemas serán manejados con mínimo mantenimiento, sin riegos, sin abonos, sin desyerbes, sin cortes de pasto y otra vegetación. Se permitirá que la regeneración de la vegetación siga sus ritmos naturales. Se permitirá la acumulación gradual de hojarasca en el suelo, el desarrollo de musgos y líquenes sobre los troncos, la caída de ramas secas al suelo, el establecimiento espontáneo de hongos micorrícicos, el crecimiento de trepadoras… para que el nuevo bosque sea de verdad un bosque silvestre, un “monte”, no un parque o una plantación forestal.

Pasto alto

Hierbas nativas surgiendo entre el pasto alto
Todas las técnicas con las que se va a restaurar el bosque de Organizmo ya han sido ensayadas, desde hace 30 años, en la finca donde crecí, en Subachoque, y en otras fincas donde llevo años haciendo trabajos de restauración ecológica. Uno de los primeros principios es que, en el área que se va a restaurar, no se va a cortar nunca más el pasto. Al inicio se plantarán sólo plantas pioneras, como alisos, amargosos, arbolocos, camargos, chilcos, ciros, laureles de cera, raques, tíbares y tintos, que por naturaleza saben crecer entre el pasto alto y saben superarlo y eventualmente, tras 10-15 años, reemplazarlo por la hojarasca y el musgo de un bosque joven; este proceso lo logran las especies nativas incluso creciendo entre el introducido pasto kikuyo, de crecimiento tan poderoso.

No cortar el pasto y no hacer plateos, además de un enorme ahorro en esfuerzo y dinero, tiene la ventaja de que se deja bien protegido el suelo. El pasto guarda humedad, lo cual es ventajoso para las especies plantadas, especialmente durante las temporadas de verano. Además, al no cortarlo, se evita cortar por accidente a decenas de plántulas de otras especies nativas espontáneas que empiecen a nacer al lado de las cultivadas.

Las trepadoras

Abeja Thygater sobre flor de una trepadora Passiflora 
Otro principio es que el nuevo bosque no se plantará sólo con árboles. Un bosque nativo es mucho más que árboles; de hecho, el 80% de las especies de plantas vasculares presentes en un bosque altoandino NO son árboles, sino corresponden a otras formas de vida, como arbustos, trepadoras, epífitas y hierbas. Por esta razón, en Organizmo se reconoce la importancia de restaurar un bosque con toda su diversidad de especies. Por esta razón, desde este año se ha iniciado la propagación, en un vivero propio de la finca, de decenas de especies nativas que no se cultivan en viveros comerciales y que en su mayoría no son árboles.

También se reconoce la importancia de permitir el desarrollo de flora espontánea que, de manera muy poderosa, cubre las primeras etapas de la sucesión de un bosque. Se protegerán ciertos árboles seleccionados (como cedros) para que las trepadoras no se les suban y los ahoguen. Pero también se permitirá, en muchas partes, que se formen grandes marañas de bejuco coronillo (Muehlenbeckia tamnifolia), ya que, además de ser nativa, esta planta es insuperable como formadora de hojarasca, formadora de marañas donde se oculta y cría la fauna, y es una gran productora de frutos favoritos de las aves silvestres.

Por razones similares, se permitirá en muchos sitios el desarrollo de las zarzas o moras silvestres (Rubus robustus). Pues estas también son nativas, también son propias de las primeras etapas de formación de un bosque joven y los densos y espinosos matorrales que forman son los mejores refugios para que mamíferos como chuchas, comadrejas, curíes y conejos encuentren un refugio frente a los perros que los atacan. Un matorral de moras es un excelente hábitat para aves de sotobosque como el endémico chamicero (Synallaxis subpudica) o el arañero (Myiothlypis nigrocristata), que nunca podrían vivir en un terreno plantado, al modo de un parque, sólo con árboles.

Madera muerta

Carpintero (Dryobates fumigatus) - M. Woodruff - 2007
A lo largo de todo este proceso, y a lo largo de las décadas que siguen, algunos de los árboles plantados no sobrevivirán. Esto, que a primera vista puede sonar como una mala noticia, no lo es en absoluto. Pues ningún bosque nativo puede considerarse sano y completo si no tiene madera muerta en él. A la mayoría de nosotros nos gustan los búhos, los loros, los pájaros carpinteros.. pero ¿hemos pensado dónde crían todas estas aves? Todas ellas anidan en agujeros en troncos y ramas muertos, donde la madera resulta fácil de excavar o donde se han desarrollado agujeros naturales. Si no hubiera árboles muertos, todas estas maravillosas aves no existirían. Así que, si durante el crecimiento de los nuevos bosques de la finca, uno que otro árbol muere ahogado por una trepadora o aquejado por una enfermedad o por alguna otra razón, sabremos que acabamos de ganar un elemento clave más en la vida de un bosque completo.

Es importante mencionar todos estos aspectos, pues se apartan de muchas prácticas usuales en la agricultura, en la jardinería y en la industria forestal. Restaurar un bosque, como yo lo veo, tiene que ver más con “dejar ser” a los procesos naturales. No limitar o impedir tanto los crecimientos espontáneos. No ir en tanta contravía de los tiempos y las maneras que llevan millones de años mostrando su efectividad.

sábado, 15 de mayo de 2021

Árboles abuelos y bosques maduros en la alta montaña

Guamarón (Guarea kunthiana)
A medida que estudio y sigo estudiando los bosques de Colombia, se me hace cada vez más evidente cuán inmensa es la variedad de organismos que habitan en ellos. Son muy pocos los que conocemos en persona y muy pocos los que realmente llegaremos a conocer en toda una vida. Me doy cuenta de que en una región de una de las cordilleras habitan ciertas especies, mientras que en otra región de la misma cordillera o de una cordillera diferente, puede haber un conjunto de especies distinto, con muy pocas especies compartidas entre ambas localidades (incluso si su clima es similar).

A pesar de esta variedad, también me doy cuenta de que, en cada ecosistema, siempre están presentes especies con ciertos orígenes y parentescos, con ciertas características, que ocupan posiciones especiales dentro del bosque e interactúan unas con otras de cierta manera. En este sentido, los bosques no son el caos que aparentan, sino que hay en ellos un orden muy especial. Un orden como el que puede tener un organismo, una ciudad, o cualquier otro sistema.

Así, por ejemplo, en cada bosque hay unos arbustos, árboles y trepadoras que crecen más deprisa que otras especies leñosas y que son las primeras formadoras de bosque cuando en un potrero, área de derrumbe, terreno quemado, etc., se inicia la regeneración natural de la vegetación. Son las especies pioneras. En cada bosque bien conservado hay otro conjunto de árboles y arbustos que nacen sólo después, bajo la sombra y hojarasca de las especies más veloces. Son las especies leñosas de bosque maduro, mucho más longevas que las primeras. Estas especies de bosque maduro son las que terminan por dominar en los bosques más viejos, luego de algunos siglos de desarrollo. En los bosques maduros también suelen alcanzar su máxima expresión otros grupos de plantas, como las palmas y las plantas epífitas, que crecen sobre los troncos y ramas de los árboles: orquídeas, bromeliáceas, algunos helechos, etc.

Amarillo o laurel (Ocotea pedicellata)

En un mundo tan inestable como el actual, que parece ir cada vez más deprisa, donde cada vez se siente mayor presión de producción y explotación sobre cada hectárea, los bosques realmente antiguos van desapareciendo rápidamente. Una vez talado, un viejo bosque como los que aún se encuentran en muchas partes de Colombia (que puede tener cientos, miles o incluso decenas de miles de años de edad) no volverá a retornar. Al menos no como era, al menos no en varios siglos. Por eso, en este mundo, cada bosque antiguo que queda en pie es algo tan valioso, tan irrepetible, tan irrecuperable, tan digno de conservación. Tanto por sus funciones prácticas de beneficio más directo para los humanos (p. ej. captación de carbono, protección de cuencas hidrográficas), como por su función como albergues de la mayor parte de la biodiversidad del país. Y por su función como una especie de “libros” donde podemos “leer” y aprender infinidad de temas sobre la vida, sobre el tiempo.

Ahora me doy cuenta de que la mayor parte de los bosques fácilmente accesibles que encontramos en las áreas más pobladas de Colombia son otro tipo de bosques. Antes, hace décadas o siglos, eran bosques maduros. Luego, fueron talados. Algunos se recuperaron parcialmente y ahora son bosques jóvenes. De estos bosques más jóvenes son propias especies bien conocidas de árboles pioneros como los alisos, arbolocos, sangregados, sietecueros y yarumos.

Encenillo (Weinmannia fagaroides)

Mientras estos bosques jóvenes se convierten en los bosques dominantes en gran parte de Colombia, yo sigo observando los bosques viejos. Quiero aprender más sobre los gigantes que los dominan. Sobre esos árboles que pocas veces he visto. Sobre esos árboles que no logro reconocer, que no son de las especies comunes. Sobre esos árboles que están desapareciendo y que quiero ayudar a conservar, con la esperanza de volver a plantarlos en bosques más jóvenes. Para que estos bosques más jóvenes tengan la oportunidad de madurar en una forma diversa, y ayuden a conservar estos linajes viejísimos, para nosotros, para los demás organismos, y todas las generaciones humanas y no humanas que vienen.

¿Quiénes son estos gigantes? ¿Estos árboles que pueden alcanzar 1, 2 o 3 siglos de edad, e incluso más? ¿Cómo es su vida? ¿Cómo nacen y donde lo hacen? ¿Cómo son sus primeros años de vida? ¿Cuánto tardan en alcanzar su adultez? ¿Con qué otras especies se relacionan? ¿Cómo se pueden propagar y qué se requiere para poder plantarlos en forma exitosa? Estas son algunas de las preguntas que me hago a cada rato.

Y algo he logrado averiguar sobre algunas especies, luego de décadas de estarlas observando y conviviendo de cerca con ellas. En las zonas de clima frío y páramo por encima de 2500 m de elevación, hay algunas decenas de especies de árboles que son habitantes sumamente importantes de los bosques maduros. En el siguiente enlace pueden ver 45 de estas especies, como las he conocido, como las he observado, como las he visto crecer en todos estos años: 

https://colombia.inaturalist.org/guides/13830


Calabacillo (Meliosma frondosa)


Arrayán negro (Myrcianthes rhopaloides)


Roble (Quercus humboldtii)




Higuerón (Ficus gigantosyce)




Amarillo o laurel (Ocotea heterochroma)




Arrayán (Psidium pedicellatum)





Pino hayuelo (Prumnopitys montana)




Aguacatillo colorado (Persea ferruginea)


miércoles, 3 de junio de 2020

Los vecinos que esperábamos conocer

Pato turrio (Oxyura jamaicensis)
A finales del año pasado salió publicado por la Alcaldía de Bogotá uno de los libros más completos que se han realizado hasta el momento sobre la fauna de Bogotá: Vecinos inesperados. Relatos sobre la fauna silvestre en Bogotá. Este libro, homónimo del documental también estrenado en esas fechas sobre la fauna capitalina, nos muestra, ficha tras ficha, con espectaculares fotografías, la asombrosa cifra de 20 mamíferos, 168 aves, 6 reptiles, 8 anfibios, 2 peces y 21 invertebrados, todos viviendo en la ciudad y sus alrededores.

Esto representa aproximadamente la mitad de las especies de mamíferos nativos, 60% de las aves, la totalidad de los reptiles, 70% de los anfibios y dos tercios de los peces nativos que se han registrado en el Distrito, reunidos todos juntos en una misma publicación. De los invertebrados aparece apenas un pequeño muestrario, suficiente para enseñar algunas especies emblemáticas como la mariposa espejito o el marranito de la humedad y contar sobre su importancia. Pero claramente, por cuestiones de espacio y por la dificultad para identificar y encontrar información suficiente sobre este grupo tan diverso de pequeños seres (que potencialmente tiene miles de especies viviendo en la región), los invertebrados incluidos representan apenas una fracción (posiblemente menos del 1%) de su verdadera diversidad.

Así de increíble, en apariencia interminable, resulta ser la variedad de formas de vida que se encuentra en esta región de los Andes colombianos.

El libro está dirigido al público general y pretende generar asombro, interés y un mayor conocimiento sobre todas y cada una de las especies de animales que a menudo, sin que las notemos, hacen de Bogotá su hogar. Con "Bogotá" se entiende no solamente las áreas urbanizadas, sino toda el área del Distrito Capital, que se extiende desde las planicies de inundación a orillas del río Bogotá hasta las cimas de los cerros Orientales y los campos de cultivo de los Verjones; y desde los potreros del extremo norte de la capital, hasta la inmensidad llena de cumbres, valles, lagunas y frailejones del páramo de Sumapaz. Un territorio de más de 1700 km2 de extensión, que abarca elevaciones entre los 2550 y los 4000 metros sobre el nivel del mar.

La presencia de áreas y hábitats tan variados, unos abiertos, otros boscosos, unos secos, otros inundados, unos densamente habitados, otros con muy pocas personas, explica por qué en el libro aparecen como bogotanas especies tan disímiles como osos y copetones, garzas y cusumbos, salamandras y avispas, serpientes y tigrillos, alondras y guapuchas.

La vasta labor de seleccionar las especies, conseguir información sobre ellas y conseguir las imágenes, estuvo a cargo de Paola María Sánchez, asesora editorial del proyecto y una de las fotógrafas más importantes de éste. Un gran porcentaje de las imágenes del libro fueron tomadas específicamente para éste por Cesar David Martínez. También se muestran excelentes imágenes de Sebastián Ballesteros y muchos otros fotógrafos. Quien mire el libro podrá asombrarse por la dedicada labor de quienes lograron retratar toda la fauna exhibida.

Uno de los puntos que, en mi opinión, hacen muy agradable el libro son los textos con el inconfundible estilo de Andrés Ospina, escritor, autor del Bogotálogo y de Chapinero. El hecho de haber sido redactados por una persona no especializada en biología, les da a estos un tono fresco, una cercanía que rara vez se encuentra en textos de este tipo.

La asesoría científica a los contenidos estuvo a cargo de Jose Fernando González Maya, de la fundación ProCAT.

La obra tiene un cuidadoso trabajo editorial, realizado por La Silueta y, más específicamente, por Juan Pablo Fajardo y Camila Perry.
La tingua bogotana (Rallus semiplumbeus) en el libro

Muchas más personas, a quienes no alcanzo a mencionar, intervinieron en todas las etapas de creación de este libro. Hablo con propiedad de las que conocí personalmente, incluyendo a Lina María Andrade, parte del comité editorial de este proyecto y por medio de quien supe de él. A su intensa labor, el proyecto de Vecinos inesperados debe muchísimo el haberse podido llevar a cabo.

Yo mismo me alegro de haber podido apoyar, responder todo tipo de consultas y revisar partes del libro en diferentes momentos de su desarrollo.

Y quedan cosas por revisar. Hacer una obra de esta magnitud, con total precisión, sería una labor de muchos años, quizás décadas enteras. No ha sido este el caso de Vecinos inesperados, que fue desarrollado en menos de un año. Muy poco para lograr plena exactitud; a lo largo del libro, expertos y lectores cuidadosos encontrarán detalles para arreglar, afirmaciones para verificar. Pero, incluso así, la obra cumple plenamente su propósito y logra llenarnos de asombro ante la inmensa variedad de vida que convive con nosotros en esta ciudad de montaña.


P. S.
Como tantas obras hechas con recursos públicos, el libro no se encuentra disponible para la venta. Tampoco ha sido realizada aún una versión digital, que pueda descargarse. Pero sí puede ser consultado en la Red de bibliotecas públicas de Bogotá, a donde remitimos a las personas a quienes haya picado la curiosidad y quieran leer y disfrutar esta obra.


Una colección de "Vecinos inesperados"