miércoles, 19 de febrero de 2014

Cerros al oriente de Bogotá - El regreso de la pava de monte

Grandes aves de los bosques

Pava andina, oculta entre el bosque - Camilo Orjuela, 2011
El ave frugívora más grande que reside en los Cerros Orientales es la pava andina o pava de monte (Penelope montagnii). Este pájaro, con el cuerpo del tamaño de una gallina, con una larga cola y con un cuello asimismo largo, vive encima de los árboles del bosque andino, caminando sobre sus ramas y comiendo sus frutos, así como también sus flores y hojas. Verla resulta sorprendente, en gran parte debido a su tamaño, muy superior al de otras aves con las que comparte su hábitat; también por sus movimientos pausados, por sus expresiones de curiosidad o alarma, por sus sonidos, por sus fuertes aleteos, por las formas en que interactúan cuando están en parejas o grupos. Y más sorprendente resulta la pava de monte cuando conocemos su historia.

 

Los tiempos difíciles

Bosques y matorrales de alta montaña - Hábitat de la pava
La fortuna de la pava de monte ha sido muy variada. Originalmente distribuida por gran parte de las cordilleras Oriental y Central de Colombia,  y siendo un animal común en los bosques de montaña, ha sido perseguida desde hace milenios por los seres humanos, que la han cazado para comerla. La deforestación masiva de las montañas, especialmente en los últimos 200 años, ha significado un golpe muy duro para sus poblaciones, que, sumado a la cacería, ha hecho desaparecer a las pavas de algunos lugares y las ha vuelto muy raras y huidizas en otros.

Recuentos pasados de la Sabana de Bogotá informan cómo, en los años 60 del siglo XX, la pava todavía era un ave común en ciertos bosques de la región (Sopó, Suba, Usaquén,...) A partir de esta fecha, la situación de las pavas pareció empeorar. Muchos bosques fueron talados para abrir espacio para la ganadería, el cultivo de papa y la urbanización. Y los cazadores y habitantes del campo continuaron persiguiendo a los pocos animales que todavía quedaban en las montañas elevadas. En los años 90 se consideraba a la pava de monte como una especie desaparecida casi por completo de los cerros alrededor de la Sabana. Los vientos no soplaban muy prometedores para la supervivencia de esta emblemática ave...

 

La recuperación del hábitat

Hábitat de la pava, con eucaliptos y vegetación nativa - Quebrada La Vieja
Sin embargo, en los últimos 30 años, ciertos lugares han estado experimentando cambios que pocas personas hubieran podido prever. Parte de la cadena montañosa al oriente de Bogotá, por su cara que mira a la ciudad, fue designada Reserva Forestal Protectora. Al mismo tiempo, otros cerros alrededor de la Sabana (por ejemplo, en Tabio, Tenjo, Chía y Sopó) empezaron a cubrirse de bosque en ciertas zonas que antiguamente estaban sujetas al pastoreo, las quemas y la extracción de madera y leña. A pesar de las plantaciones masivas de árboles exóticos (eucaliptos, pinos) que se realizaron en los cerros de Bogotá, la vegetación nativa no ha hecho sino avanzar desde que se creó la reserva forestal. Antiguos potreros han venido convirtiéndose en jóvenes bosques de laureles de cera, ciros y chilcos; zonas de quemas, derrumbes, construcción de carreteras y tala de árboles se han llenado de chusque; incluso bajo los eucaliptos, donde estos no son tan densos, ha venido creciendo un matorral nativo de cucharos, tunos y espinos. Toda esta vegetación nueva ha hecho resurgir hábitats perdidos hace tiempo para los animales de los cerros. Y las pavas parecen estar sacando provecho de ello.

 

Pavas suburbanas

Cajeto (Citharexylum subfavescens) - Árbol con frutos consumidos por la pava
Ahora, en los últimos 10 años, se ha vuelto posible observar con cierta regularidad a las pavas de monte en los bosques de los cerros alrededor de Bogotá. En parte de los Cerros Orientales es notorio cómo estas hermosas aves han dejado de ser perseguidas. Las nuevas generaciones de pavas, más acostumbradas a ver en los seres humanos caminantes y observadores y no tanto cazadores, se han estado volviendo muy tranquilas: a menudo es posible acercarse a sólo unos pocos metros de las grandes aves, sin que ellas emprendan la huida. Conjuntos y parcelaciones de baja densidad, con abundante vegetación nativa, han surgido en el extremo norte de la ciudad y en los cerros de Chía, demostrando ser un ambiente seguro para las pavas, donde su hábitat está relativamente protegido y donde la cacería no tiene lugar. Mansas como gallinas domésticas, ahora se pasean a sus anchas. Todavía no podemos decir que sean abundantes, ni que estén a salvo en otras montañas. Pero la historia del resurgimiento de las pavas en los cerros al oriente de Bogotá nos da esperanzas de que la historia pueda repetirse en otras partes, con la pava y con muchos otros animales.

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