domingo, 26 de agosto de 2012

La diversidad del piedemonte andino

Calor y humedad

Bosque a orillas del río Claro, San Francisco, Antioquia
Los Andes no son solamente grandes elevaciones. Una buena parte de la diversidad de las cordilleras se encuentra concentrada en la base de las montañas. Aquí las temperaturas son calientes y suele haber un clima muy húmedo – en varios lugares las precipitaciones alcanzan e incluso superan los 4000 mm por año. Todo esto favorece un gran desarrollo de la vegetación. Los árboles son elevados y sus ramas suelen estar cargadas de orquídeas, helechos, bromeliáceas y otras plantas epífitas. Los barrancos a orillas de los caminos están cubiertos con densas matas de vegetación colgante y aparecen salpicados con las flores más variadas, coloridas y extrañas que se pueda imaginar.

 

El piedemonte en Antioquia

Restos de bosques en el Oriente antioqueño
El vistoso fruto de ojo de paloma (Margaritaria nobilis)
Un excelente ejemplo de la riqueza en biodiversidad del piedemonte andino se puede ver en el Oriente antioqueño. Aquí, en la base oriental de la cordillera Central, por debajo de 1000 metros sobre el nivel del mar, en áreas de los municipios de Cocorná, San Luis, San Francisco, Sonsón, San Carlos, Argelia y Nariño, entre otros, pueden encontrarse cerca de 2000 especies de plantas vasculares (helechos y plantas con semillas) y más de 300 especies de aves. Sorprenden las cifras de endemismo. En la región hay registros de cinco especies de aves endémicas de Colombia: el paujil piquiazul (Crax alberti), torito dorsiblanco (Capito hypoleucus), carpintero bonito (Melanerpes pulcher), atrapamoscas antioqueño (Phylloscartes lanyoni) y habia ceniza (Habia gutturalis). Otros vertebrados endémicos presentes en el área son el tití gris (Saguinus leucopus), mono araña o marimonda (Ateles hybridus) y los peces pataló (Ichthyoelephas longirostris) y bocachico (Prochilodus magdalenae). En la flora se conocen cerca de 40 especies endémicas exclusivas de esta región o que, como máximo, se extienden a otras regiones vecinas del departamento de Antioquia, sin que haya registros de otras áreas del país. Entre estas especies endémicas se cuentan árboles como el yumbé (Caryodaphnopsis cogolloi), laureles (Licaria clarensis, Rhodostemonodaphne antioquensis), mamoncillo silvestre (Melicoccus antioquensis) y diversos anones de monte (Cremastosperma magdalenae, Cymbopetalus sanchezii, Duguetia colombiana, Pseudoxandra sclerocarpa). Trepadoras como la Mandevilla antioquiana. Arbustos como la Aphelandra tetroicia. Palmas como la Aiphanes leiostachys. Orquídeas como Epidendrum mutisii y Masdevallia pescadoensis. Y hierbas con hermosas flores como la Pitcairnia fluvialis, Cremospermopsis parviflora, Gasteranthus anomalus, Nautilocalyx antioquensis y Nautilocalyx bracteatus.

 

Los antiguos bosques

Hoja de yumbé (Caryodaphnopsis cogolloi), especie endémica
El Oriente antioqueño es una de las regiones con mayor tasa de deforestación en el país. De seguir el ritmo actual, en tan sólo unas pocas décadas, la región carecerá casi por completo de bosques. La mayor parte de los bosques que sobreviven son bosques secundarios, donde se han extraído los árboles más grandes y las maderas más valiosas. Sin embargo, todavía quedan árboles aislados y restos de vegetación madura que permiten reconstruir lo que fueron los antiguos bosques del Oriente antioqueño. En su composición, estos bosques no difieren mucho de los bosques maduros de Centroamérica, el Chocó y la Amazonía. La familia dominante de árboles son las leguminosas, con especies como el bálsamo (Myroxylon balsamum), sapán (Clatothropis brunnea), tamarindos de monte (Dialium guianense, Uribea tamarindoides), amargo (Vatairea sp.), lomo de caimán (Platypodium elegans) y trébol (Platymiscium pinnatum). También abundan las moráceas, lecitidáceas, sapotáceas, lauráceas, palmas y otras familias típicas de los bosques húmedos tropicales, con especies como los guáimaros (Brosimum alicastrum, Brosimum utile), verruga de pisco (Clarisia racemosa), caimos o mediacaros (Pouteria glomerata, P. guianensis, P. multiflora, P. subrotata, P. torta), abarco (Cariniana pyriformis), y varias especies de ollas de mono o cocos cristal (Couratari guianensis, Eschweilera antioquensis, E. coriacea, E. pittieri, E. sessilis, Lecythis ampla).

 

El cañón del río Claro

Tigrillo (Leopardus pardalis) - Danleo, 2006
En la región se encuentra la Reserva Natural Cañón del Río Claro, que protege 450 hectáreas de bosques. Las investigaciones de Álvaro Cogollo, director del Jardín Botánico de Medellín, y otras posteriores han mostrado que en el área de la reserva se encuentran casi 1000 especies de plantas. En esta reserva se han realizado decenas de nuevos registros de flora para el país, muchos de ellos correspondientes a especies nuevas para la ciencia. La reserva alberga una variedad de fauna, incluyendo nutrias, monos, tigrillos, guaguas, babillas y otros animales típicos de las selvas neotropicales. En fin, dado el estado de la región, la reserva constituye un verdadero tesoro, un sitio de máxima importancia para la conservación en el piedemonte andino.

sábado, 11 de agosto de 2012

Fincas al occidente de la Sabana – Las orquídeas

Diversidad en números

Masdevallia coriacea - Extrañas flores, como es usual en la familia
Las orquídeas constituyen una de las familias más fascinantes y diversas en el mundo vegetal al occidente de la Sabana de Bogotá. Se puede estimar que al menos una de cada diez especies de plantas que pueblan esta región es una orquídea. De modo que en el área podría haber entre 300 y 400 especies de esta familia botánica. La diversidad también se puede medir por finca. Unas pocas hectáreas de bosque bien conservado en Subachoque pueden albergar cerca de 40 especies de orquídeas. Y aún más especies aparecen en los húmedos bosques nublados de San Francisco; en la finca La Nube, situada en la parte alta del municipio, el orquideólogo Ramón de Bedout ha hallado hasta ahora más de 80 especies. Una de ellas resultó ser una especie nueva, la Lepanthes debedoutii, especie endémica hasta ahora sólo conocida en el mundo por un solo ejemplar procedente de La Nube.
 

La lentitud de las orquídeas

Cyrtochilum densiflorum, especie común en los matorrales de la Sabana
En su velocidad de crecimiento y longevidad, las orquídeas se asemejan más a los árboles que a otras hierbas. De las miles de semillas que hay en un solo fruto de orquídea quizás sólo unas pocas lleguen alguna vez a germinar y a producir plantas adultas. Una vez germinadas las semillas, pueden transcurrir 10 o 20 años antes de que la mayor parte de las orquídeas produzcan su primera flor. A cambio de esta dificultad y lentitud en su reproducción, las orquídeas suelen tener una gran longevidad. Hasta ahora no se conoce con exactitud cuánto pueden vivir la mayoría de las especies, pero se sabe que muchas de ellas, especialmente las más grandes, pueden superar sin ningún problema un siglo de edad. Es más común que las orquídeas mueran por falta de luz al caer el árbol sobre el cual crecen, a que mueran de “muerte natural”, secándose en pie sobre la rama o tronco al cual están agarradas. 

Orquídeas endémicas y amenazadas

Masdevallia caudata - una de las orquídeas más amenazadas del área
Precisamente a causa de su especialización y de la lentitud con la que crecen, una buena parte de las orquídeas están amenazadas de extinción a nivel global o local. La mayor diversidad de orquídeas vive en bosques maduros bien conservados, de varios siglos de edad. Y este tipo de bosques ya son raros en la actualidad. Casi todos los bosques que quedan en las fincas son bosques secundarios jóvenes y perturbados, donde las orquídeas son menos frecuentes. También está el problema de los “amantes de las orquídeas” que sacan estas plantas de su hábitat natural para llevarlas a jardines y colecciones. En términos de la velocidad a la que crecen estas plantas y de la velocidad a la que se reponen sus poblaciones, sacar orquídeas de su bosque nativo puede ser tan dañino para estas especies como lo es la tala para las especies leñosas que viven en el bosque.

domingo, 5 de agosto de 2012

Cómo se restaura un bosque - La regeneración natural


Métodos de restauración

Joven bosque de 40 años con Ficus y Mauria. Hacienda Baza, Tibaná
Al tiempo que son destruidos cada vez más bosques en el mundo, va surgiendo también un movimiento de restauración ecológica, que busca favorecer el desarrollo de nuevos bosques en los lugares donde estos se han perdido.  Hay muchas formas de restaurar un bosque. Una de ellas, muy usada, consiste en la plantación de arbolitos, usualmente comprados en un vivero. Este método tiene sus ventajas, siendo relativamente rápido en comparación con otros y permitiendo un involucramiento muy activo de la gente en la actividad de restauración. Sin embargo, también tiene sus inconvenientes. Para empezar es uno de los métodos de restauración más costosos. Y usualmente no permite que el terreno donde son plantados los arbolitos se exprese a su manera, “decidiendo” por sí mismo qué especies son las más indicadas para cada sitio en particular y cuándo y cómo se van a desarrollar. El material genético comprado en un vivero suele venir de sitios lejanos al lugar que se está restaurando; mientras que, para la conservación, suele ser más valioso el material genético local, de la propia finca.

 

La regeneración natural

Regeneración natural en la etapa de arbustos - Hacienda Baza, Tibaná
Una alternativa de restauración de bosques es la regeneración natural. Esta consiste en dejar crecer al bosque por sí mismo, con poca o ninguna intervención. Es el sistema por medio del cual han nacido casi todos los bosques del mundo. Y suele ser el sistema más eficiente y económico. La regeneración natural permite el desarrollo de semillas que salen de los remanentes de vegetación nativa que se encuentran en los alrededores (si estos todavía existen). Está compuesta en su mayor parte por material genético local. Y permite el desarrollo de un sinnúmero de especies que no se pueden comprar en un vivero. Los viveros comerciales sólo cultivan una fracción de las especies nativas y casi todas las que cultivan son árboles o arbustos grandes. Pero ¿acaso un bosque es sólo árboles? ¿Dónde quedan los pequeños arbustos del sotobosque, las grandes enredaderas que llegan al dosel, los mantos de plantas epífitas que cubren las ramas, las alfombras de helechos y otras hierbas del piso del bosque? Todas estas plantas, que no podemos comprar en un vivero, surgen espontáneamente cuando se usa la regeneración natural.

 

La importancia del pasto alto

Pasto y rosas. Las especies exóticas también pueden contribuir a la regeneración natural
Para iniciar el desarrollo de un bosque por medio de la regeneración natural hay un paso fundamental a seguir: no volver a cortar nunca más el pasto del sitio que se quiera recuperar. Esto incluye no cortarlo con guadaña y no permitir que vacas, caballos y otros animales de la finca pastoreen y pisoteen el lugar (lo que suele implicar la instalación de cercas). El pasto crecerá alto, echando espigas, botando hojas muertas y empezando a formar la primera vegetación protectora del suelo. Si quedan restos de vegetación nativa a menos de 100 m del sitio que se está dejando regenerar, las semillas de esta vegetación colonizarán rápidamente el lugar. Contrario a la creencia usual de que los arbolitos y el pasto no son compatibles, hay una serie de especies leñosas, conocidas como pioneras, que son especialistas en crecer entre el pasto alto y que poco a poco le van ganando, le hacen sombra y permiten el establecimiento de especies más lentas y delicadas. Los árboles y arbustos pioneros a menudo tienen semillas muy pequeñas, de pocos milímetros de diámetro. Nacen muy pequeños, pero crecen en forma muy veloz. Las principales especies pioneras de clima frío son plantas de la familia de las asteráceas (chilcos, ciros, arbolocos, amargueros), melastomatáceas (tunos, sietecueros, angelitos), piperáceas (cordoncillos) y rosáceas (zarzas); además de especies como el aliso (Alnus acuminata), los laureles de cera (Morella spp.), el trompeto (Bocconia frutescens) y el cedrillo (Phyllanthus salviifolius). También son pioneras muchas enredaderas y helechos.

 

Los tiempos del bosque

Orquídea Stenorrhynchos speciosum en un joven bosque
Cronograma aproximado de formación de un bosque por regeneración natural en zonas altas (más de 2000 m sobre el nivel del mar) partiendo de tierra desnuda, en suelos relativamente fértiles:

Etapa 1: 0 años – Tierra desnuda
Etapa 2: 0.5 años – Flores silvestres
Etapa 3: 1 a 5 años – Pasto alto
Etapa 4: 5 a 20 años – Arbustos: surgen por encima del pasto los juveniles de los primeros arbustos y árboles pioneros; se consolidan los primeros matorrales cerrados.
Etapa 5: 20 a 40 años – Matorral o bosque joven: la vegetación va ganando altura con los años; aparecen bromeliáceas y orquídeas.
Etapa 6: 100 años en adelante – Bosque alto: la vegetación va adquiriendo rasgos de bosque maduro (troncos muy gruesos, árboles de semillas grandes, jardines de plantas epífitas).

lunes, 30 de julio de 2012

Las epífitas - jardines sobre los árboles

Microgramma, Huperzia, Tillandsia, Peperomia...4 epífitas juntas

Epífitas y no parásitas

Uno de los rasgos más notables de los húmedos bosques tropicales es la abundancia de plantas que crecen encima de los troncos y ramas de los árboles. Esto es particularmente cierto en los bosques de montaña, donde la nubosidad es máxima y las plantas casi nunca carecen de agua. Este tipo de plantas que crecen encima de otras plantas son conocidas como “epífitas”. Aunque las personas a menudo creen que las epífitas son parásitas, la verdad es que no lo son. Sus raíces no penetran dentro de sus árboles anfitriones y no les succionan alimento. Más bien, estas raíces sirven para agarrar con fuerza a las plantas a la superficie de los árboles que las sostienen. Las raíces toman humedad y nutrientes que se encuentran sobre la corteza, en la capa de materia orgánica, líquenes y musgos que la cubren.

 

La variedad de epífitas

Las espectaculares flores de la epífita Masdevallia arminii
Varios grupos de plantas tropicales se han adaptado de manera especial a la vida como epífitas. Entre los más notables se cuentan las orquídeas, las bromeliáceas, las aráceas, los helechos y algunas plantas pertenecientes a la familia de la pimienta (piperáceas) y de las ortigas (urticáceas). Llama mucho la atención que no son sólo plantas pequeñas las que tienen una vida epífita. Grandes árboles también pueden pasar su juventud como epífitas, germinando sobre otros árboles y lanzando sus raíces hacia el suelo. Poco a poco, las raíces y copa de los árboles epífitos envuelven al árbol anfitrión y pueden llegar a ahogarlo por completo. Y en su lugar queda en pie un nuevo árbol, posiblemente un higuerón, abrazapalo o matapalo (Ficus), el grupo más grande de árboles que crecen sobre otros árboles.

 

Vida dentro de las epífitas

Pequeñas orquídeas epífitas
Gracias a las epífitas, la diversidad de los bosques tropicales es más grande. En muchos bosques de montaña, cerca del 20% de la flora presente corresponde a plantas que crecen encima de otras plantas. La densidad a la que crecen las epífitas en los bosques más húmedos forma auténticos jardines, llenos de flores y de verdor. En estos húmedos jardines, a metros por encima del suelo, vive una amplia gama de animales, incluyendo insectos, arañas, ciempiés, milpiés y otros invertebrados; ranas, que ponen sus huevos dentro de las bromeliáceas; y aves como carpinteros, furnáridos, trepatroncos, tangaras y otras, que se alimentan de todos estos animalitos o que comen los frutos de ciertas epífitas.


Tillandsia biflora. Dentro de las rosetas de las bromeliáceas viven muchos animales

viernes, 20 de julio de 2012

Palmas de clima frío

Nativas y exóticas

Mararay de clima frío (Aiphanes concinna)
Las palmas son plantas comúnmente asociadas con el trópico y los climas calientes. Ciertamente, la mayor parte de ellas prospera en las tórridas zonas bajas, pero también hay un buen número de especies que sube por las laderas de las montañas, alcanzando elevaciones por encima de 2500 metros sobre el nivel del mar. Para quien camine por las calles de Bogotá, no pasarán desapercibidas las palmas plantadas en parques, jardines y avenidas. Sin embargo, resulta notable que estas palmas cultivadas casi no representan la biodiversidad nativa de Colombia: casi todas ellas, con la notable excepción de la palma de cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense), son especies exóticas originarias de otros países y continentes. Entre ellas están la palma fénix (Phoenix canariensis), nativa de las islas Canarias; la Washingtonia filifera, de California; y las elegantes Archontophoenix, del este de Australia.

Diversidad de palmas

La falta de especies nativas cultivadas resulta todavía más evidente si tenemos en cuenta que Colombia es el segundo o tercer país más rico en palmas en el mundo, siendo superado únicamente por Brasil (y quizás por Madagascar?). En Colombia se han registrado hasta ahora algo más de 230 especies de palmas nativas. Casi 30 de estas especies crecen en climas fríos por encima de 2000 metros de elevación. Con un poco de decisión y esfuerzo, se podrían cultivar todas estas palmas para adornar nuestros jardines, parques y calles de montaña. El cultivo de estas especies ayudaría a propagar y proteger palmas que se encuentran amenazadas de extinción; además, los individuos plantados ayudarían a cumplir importantes funciones ecológicas, estéticas y educativas.


Chamaedorea linearis - San Francisco, Cundinamarca

Especies notables

En las húmedas laderas afuera  de la Sabana de Bogotá es posible encontrar una buena variedad de palmas nativas. Entre las especies pequeñas se cuenta la palmita Chamaedorea linearis, que suele alcanzar unos 3 a 4 m de altura cuando es adulta; su tallo verde esta cruzado por una serie de nudos, asemejándose algo al de un bambú. Esta palma crece a la sombra del bosque y resulta muy apropiada para plantar en lugares protegidos, debajo de árboles. También se da muy bien en interiores, plantada en macetas.

Más grande es la palma Geonoma undata, que habita junto a la anterior en los fríos bosques nublados. Esta palma alcanza unos 10 m de altura con un tronco de cerca de 10 cm de diámetro. Ejemplares de esta especie se han encontrado creciendo hasta cerca de 3200 m sobre el nivel del mar, una de las mayores elevaciones alcanzadas por una palma en el mundo.

Palma de cera cafetera (Ceroxylon alpinum)
También están las palmas de cera (Ceroxlon). Y no nos referimos solamente a la ya bien conocida palma de cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense). En Colombia hay 7 especies de palmas de cera, todas las cuales son propias de zonas altas y que podrían ser plantadas en la misma forma que la palma de cera del Quindío. Entre estas especies está la palma de cera cafetera (Ceroxylon alpinum) y la más rara de todas, la palma de cera de Sasaima (Ceroxylon sasaimae), que fue descubierta en el año 1995 en la vertiente occidental de la cordillera Oriental en Cundinamarca; de esta especie endémica sólo quedan en el mundo unos pocos cientos de ejemplares adultos sobrevivientes. Afortunadamente ahora se adelantan campañas para proteger estos ejemplares y para favorecer su propagación, lo que nos da la esperanza de que esta palma volverá a ser común y será una más de las especies nativas incorporadas en la arborización de fincas, pueblos y ciudades.


Dictyocaryum lamarckianum, cultivada en la finca Chulajuán, San Francisco

sábado, 7 de julio de 2012

Fincas al occidente de la Sabana - Bosques de niebla

Misterios entre la bruma

Aegiphila, Guarea, Morus: biodiversidad entre las nubes
Entrar en el bosque de niebla constituye una experiencia única. Por un lado, está la exuberante vegetación, los árboles con copas abiertas como paraguas, las ramas cubiertas de jardines de orquídeas, las grandes hojas de los anturios. Y, de pronto, llega la niebla. Todas las formas y colores, antes nítidos, empiezan a desdibujarse y desaparecer tras el velo blanco de las nubes que ascienden o descienden. El brumoso sotobosque se convierte así, en un instante, en un ambiente mágico y misterioso, lleno de elfos y de hadas. Un fuerte canto burbujeante muestra que, a pocos metros, oculto entre la maraña de ramas, nos sigue un cucarachero. Un árbol chirrea, una rama golpea el suelo. Las grandes siluetas voladoras nos señalan la presencia de pavas y tucanes. La variedad de motivos y las luces constantemente cambiantes hacen que el bosque de niebla sea el ambiente perfecto para un fotógrafo de naturaleza.

 

El Embrujo

Escarpes de El Embrujo
Una de las fincas que muestran el bosque de niebla en su mayor esplendor es El Embrujo. Esta finca está situada en la parte alta del municipio de San Francisco y presenta escarpadas laderas cubiertas por un bosque muy denso y diverso. Este bosque es el hogar de raras especies de árboles, amenazados de desaparición a nivel global o local. Entre ellos podemos mencionar el pino hayuelo (Prumnopitys montana), los amarillos (Nectandra discolor, Aniba robusta) y el chuguacá (Hieronyma rufa). Los inventarios de biodiversidad que he realizado en la finca han permitido registrar en ella 380 especies de plantas y 80 especies de aves. Y, sin duda, exploraciones posteriores mostrarán que la diversidad de flora puede subir hasta las 700 especies y la de aves a unas 120.

 

Fauna

Lepidópteros del bosque nublado
Entre las aves encontradas en El Embrujo destacan las pavas (Penelope montagnii) y los tucancitos (Aulacorhynchus prasinus), además de 11 especies de colibríes y varias aves nocturnas, entre ellas búhos y el chotacabras Lurocalis rufiventris. El buen estado de conservación y conexión de estos bosques permite que todavía sean el hogar de muchos mamíferos; en El Embrujo, entre otros, se han registrado perezosos (Choloepus hoffmannii), cusumbos (Nasuella olivacea), ardillas (Sciurus granatensis) y monos nocturnos (Aotus lemurinus).



Salvia rufula. El bosque de niebla está salpicado de flores muy vistosas, que atraen colibríes.

domingo, 24 de junio de 2012

El vuelo nocturno de la caica

Sonidos misteriosos

La caica Gallinago delicata, especie afín a G. nobilis - Mdf - 2008
Hace algo más de un año me pasé a vivir con mi novia a una pequeña casa de campo en Sopó, a una hora de Bogotá. La casa está situada en una zona completamente plana de la Sabana de Bogotá, con suelos arcillosos y fácilmente anegables. La vegetación predominante son extensos potreros, los cuales son usados para criar vacas lecheras. Hay pocos árboles dispersos y, en general, la mayor parte de las especies presentes son exóticas: debido a las actividades humanas, la flora nativa ha sido fuertemente reducida desde hace siglos.

En un ambiente así, recién instalado, empecé a escuchar durante la noche, procedentes del cielo, unos sonidos inusuales, como una serie de soplidos profundos y misteriosos: juh-juh-juh-juh-juh. ¿Quién los producía? Inmediatamente pensé en un búho o una lechuza. ¿Sería el canto de alguna de estas rapaces nocturnas? A pesar de mis esfuerzos, no pude comprobar esto con certeza; por más que trataba de ver al animal, éste permanecía invisible, mientras su sonido atravesaba repetidamente el cielo nocturno.

 

Sonidos de caica

Caica Gallinago gallinago en su hábitat fangoso - M. Szczepanek
Meses después, navegando un día por la excelente página de xeno-canto, una base de datos de sonidos de aves alimentada por usuarios de todo el mundo, oí casualmente los sonidos de vuelo de las caicas, aves acuáticas de aspecto bastante extraño, con su cuerpo regordete, sus cortas patas y su larguísimo pico. Y cuál no sería mi sorpresa al oír entre estas grabaciones sonidos idénticos a los que yo venía escuchando desde hacía meses. No cabía duda: los sonidos que pasaban encima de la casa eran producidos por la caica Gallinago nobilis, un ave típica de las zonas pantanosas de montaña, desde Venezuela hasta Ecuador.

 

Canto con la cola

Luego de muchos intentos, un anochecer logré ver a una caica en su veloz vuelo de despliegue, produciendo su extraño sonido. Las caicas machos usan estos sonidos para exhibirse ante las hembras durante la temporada de reproducción. Lo más interesante es que los sonidos no son cantos producidos por la garganta del ave. En lugar de esto, son las plumas exteriores de la cola las encargadas de producirlos. Las caicas se elevan varias decenas de metros sobre el suelo y se lanzan en un veloz vuelo descendente con la cola completamente extendida. Las plumas exteriores empiezan a vibrar a gran velocidad, produciendo su sonido característico, en forma similar a como una bandera ondeando al viento produce sonido. En este enlace se pueden leer más datos sobre los sonidos de las caicas.

 

Horas y temporadas

Terrenos inundados con vegetación acuática - Hábitat de la caica
Ahora que conozco el despliegue de las caicas, me siento más familiar con estas aves. Sé que andan por ahí la mayor parte del año, alimentándose de pequeños invertebrados en los terrenos fangosos. Las he visto varias veces durante el día. Y he encontrado que producen su sonido en tandas a lo largo de la noche: las he oído a las 6 pm, a las 8 pm, a las 10 pm e incluso a las 5 de la madrugada. También, en muy raras ocasiones, las he escuchado de día, especialmente cuando el cielo está nublado. Ahora mi más reciente interés es anotar los meses en que las caicas hacen despliegues, para ver si estos son realizados durante todo el año o sólo durante cierta temporada.